Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

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Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

Mensaje por DeathNoteAndMe el Miér Abr 05, 2017 12:32 am

CAPÍTULO 1: ¿QUÉ PASA CUANDO L SALE DE FIESTA?


Aquella tarde, las dos jóvenes policías Stella y Leyre, estaban realmente aburridas, ya que llevaban dos semanas encerradas en ese oscuro cuartel, a cargo del "Caso Kira".

La cosa no avanzaba, y no lograban dar con la identidad de Kira. Estaban realmente hartas, ya que parecían ellas las culpables, que cumplían su penitencia frente a esas cámaras.

-Tía, me aburro. ¡Quiero salir de estas cuatro paredes!- exclamó Leyre con un exagerado tono de desesperación.

-Ya ves tía, llevamos aquí dos semanas seguidas, parezco una seta aquí plantada todo el día- respondió Stella con una expresión aburrida.

-Me gustaría salir de fiesta... Mejor dicho, a los Bajos de Argüelles. He oído que mañana por la noche habrá fiestón y mucho ambiente- a la chica le cambió la cara.

-Vale, quiero ir a los Bajos. Más bien, necesito ir a los Bajos, pero no creo que L nos deje salir solas por allí con toda la información que tenemos- Stella devolvió a la chica a la cruda realidad.

-Tienes razón. Conociéndole, nos pondría vigilancia 24 horas, y no podríamos ni oler el ambiente de los pubs- contestó Leyre cabizbaja.

Ambas chicas se quedaron unos segundos meditando sobre cómo convencer a su jefe, hasta que a Stella se le encendió la bombilla.

-¡Ya está! ¡Tengo una idea! Podríamos intentar convencer a Light de que viniese con nosotras. Él es un chico muy responsable, y L sabe que jamás bebería. Aunque no se fía del todo de él, pues sospecha que es Kira- Recordó Stella.

-Buena idea. Busquémosle e intentemos convencerle. Aunque creo que será difícil...- respondió Leyre.

Las dos chicas se dirigieron a la sala de informes, y observaron cómo Light los analizaba detenidamente. Seguramente fuesen de sospechosos relacionados con el caso.

Se acercaron al joven por la espalda, pillándole desprevenido.

-Hola Light- saludaron ambas- Queríamos proponerte algo- dijo Leyre con voz dulce y convincente.

El apuesto joven las miró con una mezcla de confusión y temor.

-Claro, decidme. ¿Es referente al "Caso Kira"?- preguntó mientras las dos chicas le miraban fijamente.

-Más o menos. Es que llevamos dos semanas encerradas como perros sin avanzar nada en este caso, y nos preguntábamos, si no era demasiada molestia que saliésemos una sola noche para despejarnos un poquito- dijo Stella con retintín y sarcasmo.

Light pareció pensárselo un poco pero acabó aceptando y asintiendo lentamente.

-Claro, no veo problema en que salgáis una noche. Sois jóvenes y estáis en vuestro derecho- contestó el castaño, como si él no fuese joven y quisiese evadir la situación.

Pobre tonto, no sabía lo que se le avecinaba, el plan de las chicas estaba en marcha.

-Pero Light, tú también eres joven... Y seguro que te apetece salir un poco a tomar algo con nosotras- dijo Leyre persuasiva.

-Muchas gracias por ofreceros, pero tengo mucho trabajo en el cuartel y no quiero dejar a L solo con esto- contestó como si le estuviesen pidiendo que dejase el caso para siempre.

-Pero Light, que sólo es una noche, es más, son horas- replicó Stella intentando convencer al muchacho.

-Lo siento mucho, pero esas horas pueden ser cruciales, además... Misa nunca lo aceptaría- contestó con una expresión lastimera.

Esa respuesta fue como ver el cielo abierto para las chicas. Habían encontrado dónde agarrarse.

-Osea, que... ¿tienes que pedirle permiso a Misa para todo lo que hagas? Jolín, ni que fuese tu madre. Ya no eres un niño pequeño- añadió Leyre hiriendo gravemente el orgullo de Light.

La mirada del chico fue lastimera.

-No, no es eso...- él parecía pensárselo. Agachó la mirada, y segundos después las miró con decisión- Tenéis razón. Una noche es una noche, ni L ni Misa deberían poner ningún problema.

Dicho esto, los tres se dirigieron a la sala de las cámaras para terminar de planear cómo convencer a L, ya que el chico llegaría junto con Watari en cualquier momento.

Efectivamente, en apenas quince minutos, llegaron Watari y L.

L se sentó con su pose habitual en una de las sillas. Al sentir tres miradas fijas en su espalda, se volteó para encararlas, y un extraño sudor frío recorrió su espalda.

-Primer Kira... Segundo Kira... Tercer Kira... Con esas caras que tenéis... ¿Planeáis matarme?- preguntó temeroso- Mira que yo en vosotras dos confiaba, pero ahora me estoy arrepintiendo.

Light soltó una risa nerviosa que hasta a las chicas les pareció increíblemente falsa.

L siguió mirándole fijamente sin cambiar su expresión, dando a entender que iba enserio.

-Hahaha, ¡pero qué tonterías dices L! Mira que eres desconfiado- dijo Light dándole una palmada demasiado fuerte en la espalda, que hizo que el detective se tambalease y casi cayese al suelo, tornándose su expresión a terror.

-Ayúdame Watari...- pidió ayuda el asustado chico.

-Espera L. Sólo hemos venido para pedirte un favor- dijo Stella en tono tranquilizador.

-¿Qué tipo de favor Stella?- preguntó mirando fijamente a las cámaras con su habitual dedo en los labios. En sus ojos se podía apreciar un leve brillo depravado.

-Llevamos ya dos semanas en este cuartel sin salir a la calle. Y hemos pensado los tres- dijo Leyre recalcando las dos últimas palabras para dar fuerza a sus argumentos- Que podríamos salir mañana por la noche a tomar algo, y despejarnos un poco de todo este ajetreo- terminó de contar el plan.

-Por supuesto. Podéis salir, yo no os puedo prohibir nada- dijo esto mientras mantenía su mirada en las cámaras. Los tres sonrieron triunfales, pero L se dio la vuelta y les miró fijamente- Aunque deberíais tener en cuenta que como detectives del "Caso Kira" que sois, no puedo permitir que vayáis solos por la noche, sin asegurarme de que ninguno de vosotros bebe alcohol y se va de la lengua. Por tanto, una persona responsable deberá acompañaros, es decir, Watari- el detective miró al trajeado hombre que asintió sonriente- Y por supuesto, tendré varias unidades controlando toda la zona que me mandarán un informe de vuestra posición cada media hora- los rostros de los tres se tornaron pálidos, pero L, aún no había terminado- Además, hay una serie de reglas que deberéis cumplir;

Primero. Nada de alcohol, ni mucho menos drogas. Cuando lleguéis al cuartel, se os realizará un análisis, y el que dé positivo, quedará automáticamente expulsado del "Caso Kira".

Segundo. Nada de problemas. Si en los informes veo alguna anomalía, una de las patrullas le traerá directamente hasta aquí.

Tercera y última norma. Los tres deberéis estar a las nueve en el cuartel. Me da igual si habéis dormido o no, pero os quiero en condiciones de trabajar como normalmente lo hacéis.

Eso es todo- concluyó con una dulce sonrisa engañosa.

Se hizo un silencio sepulcral, como si se hubiesen parado los corazones de los tres. Stella parecía que iba a romper a llorar en cualquier momento.

-¿Puedes explicarme cómo has hecho para quitarme las ganas?- preguntó haciendo un puchero.

-Sólo os he expuesto la realidad de la situación. Es decisión vuestra si queréis afrontarla o no- contestó dando por hecho que los tres se negarían a aceptar esas condiciones y acabarían por no salir. Qué equivocado estaba. Las ganas de salir prevalecían ante sus normas.

-L... Estas medidas me parecen desorbitadas. Sólo vamos a tomar algo unas horas y vas a movilizar a medio cuerpo de policía- Light hizo una pausa- Además, si tanto miedo tienes, ¿por qué no te vienes con nosotros y te aseguras de que nada malo ocurre?- sugirió el castaño- Eso sería más fácil y menos extravagante.

L se llevó su dedo pulgar a los labios, analizando escrupulosamente la expresión de Light.

-Como te hagas el listo, Kira, tú y yo nos volveremos a esposar, es más, estoy pensando hacerlo, así me aseguraré de que no haces ningún movimiento extraño durante toda la noche- le advirtió L mirándole fijamente, aunque con algo de burla.

Light se tornó aún más pálido, hasta pareció adquirir un tono verde en la piel. Con lo que le había costado quitarse esas cadenas de encima...

-Pero L, no me parece tan mala idea eso de que te vengas- dijo Leyre- No pierdes nada, y encima te aseguras de que todo está en orden. Dices que necesitamos a alguien responsable, ¿y quién puede ser más responsable que tú para eso?

-Eres el más indicado- añadió Stella haciéndole ligeramente la pelota.

L las observó con detenimiento y habló.

-¿Enserio queréis que vaya con vosotros?- preguntó llevando su pulgar de nuevo a los labios. Bajó la mirada pensativo, y contestó- Pero... ¡Qué tontería! ¡Watari jamás me dejaría!- exclamó victimizando.

En ese momento, Watari se aclaró la garganta y los cuatro se giraron a verle.

-En ningún momento he dicho que no te dejase ir. Es más, me parecen muy responsables. Seguro que te cuidarán bien- dijo Watari sonriendo.

L le dirigió una mirada asesina y suspiró.

-Gracias Watari. Has sido de gran ayuda- respondió L irónicamente.

-Entonces decidido. L... Te vienes- concluyó Stella sonriendo.

Al día siguiente por la mañana comenzaron a decidir dónde quedarían y a qué hora.

Pero en ese momento, llegó Matsuda con su habitual sonrisa atontada.

-Hola chicos, ¿de qué habláis? ¿Alguna novedad en el caso?- preguntó amablemente.

-¡Qué va! Estamos hablando del plan de esta noche. Hemos quedado para tomar algo y despejarnos un poco- explicó Leyre ilusionada.

-Alaaaa... ¡Qué bien! ¡Hoy salimos! La verdad es que ya tenía ganas de salir de este zulo- exclamó feliz.

Se hizo un silencio, y L le miró de forma directa.

-Perdona Matsuda, pero tú no vienes. El plan sólo nos incluye a nosotros cuatro- dijo destruyendo todo ápice de ilusión en el rostro del policía. L se percató de esto y quiso arreglarlo- Comprende que eres muy importante en esta investigación, y no podemos prescindir de tus servicios ni una sola noche. Es tu deber quedarte aquí y vigilar que nada ocurra. Por el bien de la investigación- le alentó L sin que le temblase la voz.

Matsuda, que no tenía ni dos dedos de frente, se lo tragó y se vio como su orgullo crecía en su mirada chispeante.

-No te preocupes L. Déjalo en mis manos- contestó el policía mirando fijamente al detective.

-Sabía que podía confiar en ti- dijo L sosteniéndole la mirada con una sonrisa.

Los jóvenes quedaron en verse a las diez de la noche frente al cuartel. Allí, Watari les recogería en la limusina, y los llevaría hasta los Bajos de Argüelles.

Las primeras en llegar fueron Stella y Leyre.

Stella llevaba un conjunto negro de blusa de tirantes y unos pantalones cortos de lentejuelas con unos botines de tacón. Leyre llevaba un top blanco que mostraba el ombligo y unos pantalones cortos negros con unas cuñas negras.

Ambas esperaron a que llegasen los chicos. En pocos minutos apareció Light.

Llevaba una camisa negra de botones, una americana y un pantalón negro. y al poco rato llegó hasta ellos una limusina de color negro. De ella bajó L con su misma vestimenta de siempre y junto a él, Watari.

-Pero... ¿No te has arreglado ni un poquito?- preguntó Stella incrédula por lo que sus ojos veían.

-Ya le dije yo que tendríamos que haber pasado por una tienda para comprar algo nuevo- le recordó Watari.

L le miró de reojo.

-Te estás haciendo mucho el listillo, Watari. Esto huele a despido- sentenció L con seriedad.

-A ver, esto hay que solucionarlo de alguna forma. ¿Cuánto tiempo tenemos?- preguntó Leyre mirando a Light y a Stella.

-Tenemos que estar allí a las once, así que contamos con poco más de media hora- respondió Stella.

-Y con lo tarde que es... Sólo nos queda una solución- concluyó Light mirando a las dos chicas que le entendieron al instante. Entre los tres cogieron a L y le metieron dentro de la limusina que Watari condujo hasta la casa de Light.

Subieron a la habitación del castaño y allí empezó el cambio radical.

Light sacó varias camisas que podrían servirle al detective, mientras que las chicas escogían el pantalón, la chaqueta y los zapatos.

Le hicieron cambiar de ropa más de cincuenta veces, y el detective les maldijo y llamó a Watari otras cien.

Tras mucho deliberar, al final L acabó vestido con una camiseta blanca, una chaqueta de cuero negra y unos pantalones negros con unas Converse negras. El pelo lo llevaba igual que siempre.

Bajaron hasta la limusina y fueron directos a Argüelles. Watari les estuvo dando la charla como si de una madre se tratase "No hagáis tonterías" "Aunque os peleéis, volvéis juntos"...

El hombre trajeado les dejó en Argüelles frente a las escaleras que les llevarían hasta los Bajos. Allí se dirigieron a un 24 horas para comprar la bebida, fingiendo que sólo cogerían Coca Cola y Fanta.

Light se quedó fuera entreteniendo al detective e impidiéndole el paso. Las chicas se apresuraron a comprar el alcohol, los hielos y los vasos.

En menos de un minuto, ya estaban fuera con todo preparado, así que se acercaron a las escaleras, teniendo en su campo de visión todos los Bajos.

La cara de L empalideció aún más, viendo como toda la zona estaba repleta de gente que formaba un barullo horriblemente sonoro.

Justo cuando Stella, Leyre y Light se iban a excusar con que no sabían que estaba tan lleno, un corpulento heavy arrastrando un carrito de la compra con otro heavy dentro, pasaron por el lado de L a toda velocidad, haciéndolo perder casi el equilibrio para poder tirarse por la cuesta que llevaba hasta los Bajos en apenas unos segundos.

Leyre, Stella y Light se quedaron callados bajo la atenta mirada de L que les observaba confuso y asustado.

-¿Dónde me habéis metido?- preguntó incrédulo.

-No te preocupes L. Esto es un sitio normal- intentó excusarse Leyre.

-¿Normal? ¿Normal es que un tío se tire con un carrito de la compra por una cuesta de más de cuatro metros?- preguntó seriamente Después miró a Light- Que sepas que tus posibilidades de ser Kira han aumentado en un 55%- concluyó señalándole acusadoramente.

Cuando Light iba a replicar, se oyó un ruido de botellas rotas, y dos tíos empezaron a pegarse cerca de ellos. La cara de L fue todo un poema.

-Yo ahí no bajo- dijo sacando el móvil del bolsillo para llamar a Watari.

Enseguida, Leyre le quitó el móvil y entre Stella y Light le sujetaron y le obligaron a bajar a los Bajos.

-¡Que sepáis que esto supone una bajada de sueldo y un aumento de posibilidad de que seáis Kira todos!- gritó desesperado mientras le arrastraban hacia el tumulto.

Le llevaron a un rincón más solitario donde pudiese relajarse, realmente odiaba las masas.

-Venga L, que no es para tanto. En cuanto bebas un poco de zumo, se te pasa- dijo Leyre reprimiendo una sonora risa.

L la miró expectante, como si no entendiese nada.

-¿De qué te ríes?- preguntó el chico desconcertado.

-No de nada. Venga, empecemos a llenar los vasos- contestó Stella tapando la botella con la bolsa para que L no se percatase de su verdadero contenido. También sacó Fanta limón para disimular y llenó más de la mitad del vaso con la Fanta y hasta el borde de Vodka blanco, esperando que con el susto, L no se percatase del agrio sabor.

Los demás hicieron lo mismo con su vaso, sin que el detective pudiese notar que se trataba de bebidas alcohólicas.

El moreno dio un pequeño sorbo al vaso, y puso una expresión rara.

Todos se temieron que hubiese descubierto que intentaban emborracharle para que no se echase al traste la noche con sus pataletas y quejas. L los miró atentamente.

-Es el peor zumo que he tomado nunca. No volváis a comprar en ese supermercado. Creo que está caducado- dijo L indignado, haciendo que todos contuvieran la risa y compartieran su indignación.

Los vasos empezaron a vaciarse, empezando a sentir todos el efecto del alcohol. Aún así, L seguía con el ojo avizor tratando de descubrir cuáles eran los planes de sus amigos.

Ninguno de los tres podía hablar con libertad sobre qué hacer para emborrachar a L, así que cada uno tomó las riendas como pudo y le dieron al detective copas de distinto contenido, mezclando Ron, Vodka y Whisky en pequeñas cantidades.

Cuando las botellas estaban casi vacías y el mareo por el alcohol se había intensificado, decidieron entrar a un pub para pedir una copa.

Se sentaron en un sofá con la nueva copa en mano. Al rato de estar ahí sentados, Leyre y Light fueron a la barra a pedir otra ronda. Stella y L se quedaron en el mismo sitio.

La policía se percató de que el detective llevaba largo rato sentado, con las rodillas cercanas al pecho y sin hablar. Casi ni respiraba.

-L, ¿qué te pasa? ¿Por qué no hablas? ¿Estás enfadado?- preguntó Stella.

L ni siquiera se dignó a mirarla, y ella le dio un toque en el hombro intentando llamar su atención. Pero al hacer este gesto, L comenzó a inclinarse lentamente hacia el lado izquierdo hasta que caer verticalmente en el sofá. La chica se preocupó de inmediato al pensar que había perdido la consciencia. Pero en cuanto se acercó para reanimarle, L empezó a carcajearse.

-Quiero otra- pidió llorando de la risa.

Light y Leyre llegaron, y alucinaron al ver la situación en la que se encontraba el detective, sin poder parar de reír y rogando por otra copa.

Los tres se miraron preocupados.

-Éste está muy mal- dijo Light.

-¿Qué le habéis dado?- preguntó Stella nerviosa.

-Yo le di Whisky- contestó Leyre.

-Yo Ron- dijo Light.

-Pues yo le di Vodka- concluyó Stella.

El silencio perduró unos segundos, pensando en la metedura de pata que acababan de cometer. ¿Cómo iban a llevar a L al cuartel en ese estado? El plan consistía en emborracharle un poco para que dejara de quejarse, no en que le diera un coma etílico.

-Tenemos que sacarle de aquí y que le dé un poco el aire- sugirió Light cogiendo de un brazo al detective y levantándole.

En cuanto L se levantó, le arrebató el vaso al castaño y empezó a beber como si no hubiese un mañana.

-¿¡Pero qué haces!? ¡Para ya! ¡No bebas más! ¡Idiota!- gritó Light alterado.

-Como me sigas insultando, tendré la total seguridad de que eres Kira- dijo L señalándole con el dedo meñique y tambaleándose.

Todos terminaron por salir del pub, debatiendo el cómo podrían hacer que a L se le pasase la moña.

En ese momento el móvil de Stella sonó, y la chica se apartó para poder hablar con la que parecía ser una de sus amigas.

Mientras tanto, Leyre y Light seguían debatiendo sobre qué decirle a Watari si encontraba a L en esas condiciones. La pelirroja mantenía sujeto al detective por la manga de la camisa. Pero en un momento dado, se soltó y la chica supuso que lo había agarrado Light.

Segundos después.

-¿Dónde está L?- preguntó Light buscando al detective con la mirada.

-¿No estaba contigo?- respondió Leyre con otra pregunta.

Light negó con la cabeza y cuando parecía que iba a hablar, sus ojos se abrieron como platos y su expresión se volvió aterrada. Leyre se giró para poder ver la misma escena que contemplaba el castaño.

Frente a ellos, vieron cómo L estaba rodeado de un grupo de skins peligrosos. Vestidos con chaqueta de cuero, cadenas y miradas furibundas.

El detective buscaba la bebida que sus amigos se negaban a darle, y la encontró en el primer grupo que vio. Se acercó a ellos sin pensárselo, y tras ponerse en medio del grupo, le quitó el vaso a uno de ellos y comenzó a beber. El skin se puso frente a L.

-Pero... ¿A ti qué te pasa?- preguntó el susodicho con rabia.

El detective se encogió de hombros y contestó con toda naturalidad.

-Nada. Tenía sed.

El skin alzó el puño con intención de pegar al detective, pero éste con gran agilidad lo esquivó y el skin acabó lanzando un golpe al aire. Otro del grupo fue a agarrar a L para intentar lanzarle otro puñetazo, pero el chico casi sin mirar, le pegó una patada en la cara, haciendo demostración de su increíble flexibilidad.

Lo más impresionante, fue que no derramase ni una gota del vaso que tenía entre las manos. La sangre comenzó a salir a borbotones de la nariz, seguramente rota, del skin.

En ese preciso instante, Stella, Light y Leyre irrumpieron en la escena y cogieron a L, sacándolo de ahí a la velocidad del rayo.

Corrieron más de cinco minutos intentando despistar al grupo que los perseguía, y en un momento dado, encontraron una columna lo suficientemente grande como para esconderse.

Al ver que Leyre se estaba quedando atrás en la huida, Light la cogió de la mano para que no se detuviese, y al llegar a la columna, continuaban agarrados. L les miró con suspicacia, y entrecerrando los ojos dijo.

-Vosotros dos... ¿Sois pareja?- preguntó en un susurro.

Light le mandó callar para que no les descubriesen los skins.

-¡SOIS PAREJA!- gritó alterado L- ¿Cómo no he sido informado antes? Tengo derecho a saber todo lo que ocurre en MI CUARTEL- les acusó señalándoles de forma rencorosa.

Stella por no matarle, le tapo la boca, viendo ya cómo los skins volvían a correr hacia ellos.

Tras otra carrera, consiguieron despistar nuevamente al grupo, pudiendo recobrar la respiración. Pero parecía que a L no le hacía falta, ya que enseguida se había repuesto.

-¿Dónde tomamos la siguiente copa?- preguntó con una sonrisa dulce.

-No habrá siguiente copa- respondió Light con voz autoritaria, sin percatarse de que L ya estaba entrando al siguiente pub.

Este sitio era bien distinto al interior. La iluminación era realmente pobre, olía a humo de cigarro y la mayor parte de los que estaban ahí eran heavys. Enseguida encontraron al detective en la barra, y consiguieron detenerle antes de que pidiese nada.

Le cogieron de los hombros y le sentaron en una de las mesas a la fuerza. Light, Leyre y Stella comenzaron a planear cómo escapar de los skins exitosamente.

-Pueden escapar dos hacia el centro, y otros dos hacia las escaleras y nos encontramos en el cruce del mercado- explicó Stella.

-Es la primera vez que vengo aquí. No tengo ni idea de lo que estás hablando- contestó Light confuso.

-Vale, os haré un plano- Stella encontró la solución cogiendo una servilleta y un boli de su bolso.

Comenzó a trazar el mapa, indicando las zonas en las que podían estar los skins, y los puntos por los que podrían escapar. Cuando quisieron darse cuenta, el dichoso detective se había vuelto a escabullir.

Los tres buscaron a L con la mirada y lo encontraron pidiendo en la barra a voz en grito.

-¡QUIERO UN CHUPITO DE LO MÁS FUERTE QUE TENGAS!

El camarero le puso un chupito de un líquido oscuro que L tragó de una vez con decisión y sin miedo. Al instante su cara se tornó completamente roja y empezó a escupir al suelo como si quisiese arrancarse la garganta. Sus tres amigos se acercaron corriendo, pero el detective ya se veía rodeado de un grupo de heavys que admiraban su valor por haberse tomado un chupito de Absenta negra sin miramientos. Con todo el tumulto, les fue difícil cogerlo.

Cuando consiguieron llegar hasta él, un heavy competía contra el detective para ver quién podía aguantar más tiempo bebiendo cerveza sin parar.

-¡TRAGA, TRAGA, TRAGA!- gritaba la gente a su alrededor golpeando las mesas.

Light se acercó a él, y sin poder aguantar más, le dio una colleja que hizo que L escupiese parte de la cerveza. Le cogió del cuello de la camisa y le arrastró fuera del local.

Leyre y Stella les siguieron preocupadas por la reacción que pudiese tener el castaño contra el detective, como si realmente le fuese a pegar.

Light agarró a L del cuello de la camisa y empezó a zarandearle con fuerza.

-¿Quieres parar L? ¡Tú no eres así!- gritó nervioso- ¡Reacciona!

El detective parecía arrepentido por su comportamiento al oír las palabras de su amigo. Pero cuando éste le soltó, L agarró al castaño de la misma forma mirándole fijamente.

-Me parece muy bien que seas Kira. Pero eso no te da derecho a interrumpir mi apuesta- dijo seriamente como si no estuviese ebrio.

Los ojos de Light centellearon de rabia, y alzó el puño para golpear la cara de L. Pero milagrosamente, Leyre y Stella consiguieron separarles.

-No os preocupéis. Tenemos la solución- dijo Leyre de forma serena.

-Sólo hace falta agua y hielo para que se le pase la borrachera- añadió Stella.

-¿Y cómo vas a hacerlo?- preguntó Light con una mezcla de curiosidad y desesperación.

-Muy simple. Sólo tenemos que echarle el agua en la cara y meterle hielo por dentro de la ropa. Se le pasará la tontería enseguida- explicó Stella orgullosa.

Dicho esto, fueron al 24 horas donde habían comprado los "zumos". Esta vez cogieron una botella grande de agua y una bolsa de hielos. Salieron a la calle y con un pañuelo que mojaron de agua, empaparon la cara de L.

-Oye... Eso está un poco frío- se quejó mientras Leyre le pasaba el pañuelo por la cara. Stella separó un poco la camisa del cuerpo del detective e introdujo dos hielos que recorrieron desde su nuca hasta el final de su espalda- ¿Y tú qué me quieres hacer?- preguntó insinuante.

Viendo que la borrachera no se le pasaba, Light se cansó y le tiró la botella entera de agua por la cabeza.

La reacción de L fue quedarse estático, sintiendo cómo el agua congelada empapaba su camisa. El chico miró a Light intensamente. Tal vez su borrachera hubiese bajado estrepitosamente, pero el odio en su mirada había crecido hasta niveles insospechados.

L cogió a Light del cuello de la camisa, y éste hizo lo mismo. Iban a pegarse, pero de pronto empezaron a sonar sirenas de policía increíblemente cerca. En apenas segundos, les rodeaban cinco policías. Ambos chicos se soltaron y L miró con indiferencia a los agentes.

-Documentación- pidió uno de ellos.

L dio un paso al frente, encarándolo.

-¿Acaso no sabes quién soy?- preguntó de forma prepotente- Soy tu jefe- le aclaró altaneramente. Al parecer, no se le había pasado la borrachera.

Los agentes rieron ante su estúpido comentario. L siguió serio.

-¿De qué os reís? Soy L- repitió firmemente.

Los policías se carcajearon en su cara y uno de ellos se dirigió a él.

-Y yo Z. ¿No me reconoces?- el policía le vacilaba.

L se quedó pensativo y se llevó un dedo a los labios.

-Pues no. No te reconozco- aseguró.

Los policías dejaron de reírse e ignoraron a los chicos por pena, y al comprobar que sólo era un grupo de borrachos, se fueron.

Tras esto, los cuatro decidieron irse a una zona con bancos más apartada para intentar reanimar a L con los hielos en la espalda.

El teléfono de Stella comenzó a sonar, y en cuanto la chica vio de quién se trataba, miró al resto con preocupación.

-Es Watari. ¿Lo cojo?- preguntó Stella indecisa.

Light y Leyre asintieron. L extendió la mano tratando de arrebatarle el móvil a Stella.

-Quiero hablar con él- pidió el detective como si estuviese sobrio.

Ella le golpeó la mano sin miramientos.

-¡Ni hablar! Lo cojo yo- dijo Stella descolgando el teléfono- ¿Hola?

-¿Stella? Soy Watari.

-¡Ah! ¡Hola Watari! ¿Qué tal estás?

-Yo muy bien, ¿y L?

Sólo preguntaba por el detective. Pareciendo saber lo que ocurría.

-¿L? ¡Muy bien! ¡Aquí con nosotros!

-Genial, ¿puede ponerse?

-Bueno... Es que justo ahora está en el baño.

-No pasa nada. Yo espero.

-¿No preferirías hablar con Light?

-No gracias. Sólo quiero hablar con L.

Stella suspiró y le pasó el móvil al detective, rezando para que no metiera la pata.

-Hola Watari- contestó con una estúpida sonrisa en la cara.

-Hola L. ¿Cómo estás? ¿Te han hecho algo? Tú no estás acostumbrado a estar en la calle hasta tan tarde- dijo Watari algo preocupado.

L empezó a reírse sonoramente.

-¡Qué va Watari! ¡Estoy genial! No te dés tanta importancia y vente- contestó L riéndose hasta de su sombra.

Watari se quedó en silencio unos segundos.

-¿Estás borracho?- preguntó el hombre.

-Nooooooo- dijo arrastrando la vocal.

-¿Qué has bebido?- preguntó ahora más serio Watari.

-Ron, Vodka, Whisky, Absenta, Cerveza...- contestó como si fuese lo más normal en él.

Al oír estas palabras, Light, Stella y Leyre empalidecieron e intentaron quitarle el móvil como fuese. Pero el detective les esquivó con gran agilidad.

L empezó a reírse de nuevo y siguió hablando.

-Watari, sólo era una broma. Estoy bien de verdad- contestó- A las nueve llegaremos al cuartel y todo estará como siempre- finalizó con un tono serio y una expresión indiferente como si no hubiese bebido una gota.

-Bueno L, confío en ti. Aún así, tendré el móvil toda la noche conmigo. Si pasa cualquier cosa, no dudes en llamar- respondió Watari con serenidad.

-Muchas gracias Watari. Nos vemos- colgó con la misma seriedad.

Los otros tres le miraron llegando a plantearse si realmente estaba borracho o todo era fingido.

-Nadie miente como L- y acto seguido empezó a reírse, comprobando que efectivamente, estaba borracho.

Eran las cinco de la mañana. Los cuatro amigos decidieron meterse en un último pub para pasar el rato y volver al cuartel. Pero cuando todo parecía de lo más tranquilo, L abrió la boca.

-Quiero un pastelito- dijo con un tono meloso.

Light se tocó las sienes suspirando fuertemente. Para tranquilizar el ambiente, Stella se ofreció a acompañarle al 24 horas a comprar el dichoso pastelito.

Light y Leyre se quedaron solos. El muchacho empezaba a encontrarse mal, por lo que tuvieron que salir del pub para que le diese un poco el aire. Eso hacía la falta de costumbre.

Sonó el móvil del castaño. Ambos pensaron que se trataría de un mensaje de Watari, pero al leerlo afortunadamente desecharon esa idea.

-Es Misa- dijo Light con un tono cansado.

-¿Qué dice?- preguntó Leyre con curiosidad.

El chico le dio el móvil para que lo leyese.

<>

La cara de Light era un poema. Bufó con fuerza y apagó el móvil.

-¡No la soporto más! ¡Está loca!- exclamó desesperado.

-¿Siempre es así?- preguntó Leyre.

-¿Siempre? ¡Desde que nos conocimos ha estado chalada!- contestó- Pero sus celos han ido en aumento. El otro día amenazó a una chica sólo por mirarme- explicó desesperado.

-Madre mía... No sé cómo la aguantas- contestó Leyre poniéndose en el lugar del chico.

-Ni yo tampoco- murmuró cansado.

En ese momento, el grupo de skins apareció, percatándose de la presencia de ambos.

-¡Ahí están los de antes!- gritaron acercándose- ¿Dónde está vuestro amigo?- preguntaron rabiosos.

Leyre y Light se tensaron y en cuanto los skins se acercaron más, ambos empezaron a correr como si de dos liebres se tratase.

La huida duró varios minutos. Los skins les pisaban los talones y tuvieron que meterse en una muy estrecha calle que cruzaba los suburbios, esperando que el amparo de la oscuridad les salvase.

Se quedaron allí muy quietos y en silencio, notando muy cerca la respiración el uno del otro, de frente, ya que no había otra forma de que entrasen los dos en ese pequeño callejón.

Los skins pasaron de largo sin percatarse de la presencia de estos dos.

Light apoyó las manos en la pared, a los lados de la cabeza de la policía, con la respiración agitada por la huida y la tensión sufrida.

La respiración de la chica no estaba mucho mejor, ya que se entrecortaba constantemente sin dejar que pensara con claridad.

-Hemos tenido suerte- consiguió decir Light con algo de dificultad y una sonrisa nerviosa.

-Pues sí- susurró Leyre imitando su misma sonrisa.

Se hizo un silencio entre ellos dos, interrumpido sólo por el sonido de sus respiraciones y el ruido lejano del tumulto de los Bajos.

Leyre miró hacia el final del callejón sin atreverse a alzar la vista y encontrarse al atractivo chico que se situaba increíblemente cerca de ella.

Por un momento deseó salir corriendo de ese sitio y deshacerse de las horribles mariposas que la carcomían el estómago.

Se mordió el labio inferior desechando la idea de salir huyendo, ya que los brazos de Light se lo impedían.

Le daba la sensación de que cada vez se encontraban más y más cerca. Como si el caprichoso destino se dedicase a deshacer la pequeña distancia que aún les separaba.

El torso de Light ya se movía a un ritmo acompasado, dando a entender que la fatiga estaba desapareciendo.

Un rubor subió hasta las mejillas de la chica cuyos nervios aumentaban ya por segundos, agitando desesperadamente su corazón.

No era su imaginación, realmente la distancia entre ambos desaparecía lentamente, hasta que los labios del chico rozaron delicadamente los de Leyre, provocando un ligero cosquilleo que se propagó por toda su espalda.

Pronto, esa pequeña caricia se convirtió en un beso más fuerte, acelerando el pulso de ambos y haciendo que el corazón de la policía trepase con desesperación por su garganta, sin esperarse lo más mínimo esta reacción de Light.

El chico intensificó el beso abriéndose paso entre sus labios y los brazos que antes estaban a los lados de Leyre, ahora bajaron hasta su cintura.

La primera reacción de la chica fue de pasar sus manos sobre la camisa del castaño y agarrarla, siguiendo el juego del chico. Pero pronto ella rompió el contacto.

-¿Qué pasa con Misa?- preguntó retomando la compostura.

Light hizo un gesto de desagrado.

-No quiero hablar de ella ahora. No sabes cuánto puedo llegar a odiar a esa idiota- bufó con visible exasperación.

-Entonces...- Leyre no pudo acabar la frase, ya que Light la había vuelto a besar con la misma intensidad de hacía unos segundos.

Esta vez ella no puso ninguna resistencia, y dejó que el joven pasase sus manos bajo su top, acariciando delicadamente la piel de su espalda, provocando varios escalofríos.

Leyre rodeó con sus brazos el cuello del chico para intensificar el contacto del beso que se convertía intermitentemente en pequeños mordiscos.

La temperatura subía de forma vertiginosa, casi mareándoles y nublándoles la visión.

Light bajó sus labios hasta el cuello de Leyre, continuando con los besos hasta el hombro provocativamente.

Ella bajó sus manos hasta la cintura del chico para pasarlas por su torso, haciendo que la excitación de Light creciese y convirtiese sus besos en voraces mordiscos que realmente pretendían devorar a la joven.

Leyre emitió un pequeño quejido en el oído del chico, que hizo que éste contuviese el aire unos segundos sin poder resistirse al roce de su aliento.

Pegó con fuerza su cuerpo al de ella contra la pared, sin dejarse ni un centímetro de piel.

Cada músculo de ambos se tensó por el contacto, y las manos de Light fueron hacia el top de la chica, bajándolo aún más para poder continuar con sus besos desde su hombro a sus pechos, sacando ya suspiros de la boca de la joven policía.

Ella enredó sus dedos en los suaves cabellos que tenían un agradable olor a menta.

Desabrochó los primeros botones de la camisa de Light. Pero su bajada se detuvo con brusquedad cuando sintió las hábiles manos del castaño subiendo con descaro por los muslos de ella, haciendo que agarrase la prenda del chico con fuerza derritiéndose con sus caricias.

Consiguió concentrar su fuerza de voluntad en acabar de desabrochar la camisa, y fijarse esta vez en el pantalón del chico.

Algunos besos de Light se tornaron lametones convertidos finalmente en mordiscos placenteros, como si de un lobo hambriento se tratase.

La respiración de ambos ya era arrítmica. Pero aunque la excitación ya era grande, los movimientos del joven no eran para nada torpes.

Desabrochó con facilidad el botón de los shorts de Leyre, y cuando retiró lo suficiente la ropa, llevó una de sus piernas a la cadera.

Ese roce hizo que ambos se deshiciesen en suspiros.

Los besos se volvieron más feroces, y Light, llevando sus manos a las nalgas de la chica, la alzó haciendo que fuesen las dos piernas las que rodeasen su cintura.

Terminó de desabrochar también sus pantalones, y entre besos y gemidos comenzaron los movimientos ya con fuerza, desesperación, de una forma casi violenta.

Leyre acariciaba el pelo del chico, disfrutando del tacto y con la otra mano recorría los duros músculos del joven.

Las embestidas se hicieron más lentas, intensificando el contacto, notando cada ligero movimiento, haciendo que ambos temblasen por el placer.

Los gemidos eran cada vez más audibles, y Light sólo podía agarrar con fuerza los muslos de la joven, buscando aún más placer, aunque notase que sólo un poco más llegaría a matarle.

Los movimientos se aceleraron con desesperación, olvidando todo lo que les rodeaba, manteniéndose así largos minutos, entre besos, mordiscos y caricias.

El chico se concentraba en la mandíbula, mejilla y labios de la chica, y ella atacaba su cuello al ritmo de los movimientos, ahogando suspiros y gimiendo contra su piel.

Con cada embestida el placer era aún mayor, y sin poder evitarlo, los movimientos se hicieron frenéticos, desesperados, hasta que ambos no pudieron más y llegaron al final.

Su fatiga era aún más pronunciada que la de la huida de antes, viéndose en ellos algunas gotas de sudor y con la temperatura de su cuerpo por las nubes.

Ambos se miraron a los ojos, algo cortados. Pero cuando Leyre bajó la mirada al suelo, Light acarició su mejilla y la besó con increíble dulzura.

Mientras tanto, L y Stella acababan de entrar en el 24 horas buscando un pastelito dulce que pudiera acabar con el antojo del detective.

Empezaron a revisar todos los estantes buscando algo que le apeteciera, pero no hacía más que adoptar muecas de asco y disgusto.

-A mí esto me da asco. No me gusta. No quiero nada- dijo metiéndose las manos en los bolsillos y encaminándose hacia la puerta.

Stella se quedó petrificada mirándole. Acababa de hacerla recorrer medio Argüelles para ahora darse la vuelta y largarse como si nada.

Fue tras él a pasos agigantados. En sus ojos se podía notar el enfado y el ofuscamiento.

-¿Me estás vacilando? ¿Pero a ti qué te pasa?- le gritó la chica enfurecida.

-No te alteres Stella. Simplemente no me gusta nada- contestó como si con él no fuera la cosa.

-¿Que no me altere? Una cosa es que estés borracho, y otra que juegues conmigo- contestó indignada.

-Relájate un poco. Aunque pensándolo bien...- se llevó el pulgar a los labios- Estás más sexy enfadada- concluyó con su habitual sonrisa.

Stella se sonrojó y miró hacia otro lado.

-Vámonos ya anda, que nos estarán esperando- dijo adelantándose a L para que no viera sus sonrojadas mejillas.

Stella y L llegaron al pub en un silencio sepulcral que no parecía molestar al detective pero sí alteraba a la chica.

Entraron al local y buscaron con la mirada a sus dos amigos sin tener la más mínima idea de lo que había sucedido entre ellos. Recorrieron todo el pub buscando entre el gentío, ya que a última hora, se había llenado muchísimo.

L se estaba agobiando por los numerosos empujones que le daba la gente al pasar por su lado, y por el volumen de la música que le mareaba. Enseguida empezó a encontrarse mal, y Stella lo notó.

-¿Qué te pasa?- preguntó la chica preocupada.

-Tengo algo de calor. Creo que me estoy mareando- contestó recargándose sobre una pared.

Realmente tenía mala cara. Así que Stella no tuvo más remedio que acompañarle al baño. Había mucha cola y pasaron directamente por la puerta, sin darles opción de quejarse a los que esperaban.

Llegaron hasta el baño formado por un lavabo, un espejo y el retrete. Bastante simple. Cerraron la puerta con pestillo, oyendo las quejas de la gente al otro lado de la puerta.

L estaba realmente fatigado. Se sentó directamente con la tapa bajada en el retrete. Sus ojeras se marcaban más que nunca y parecía no respirar bien.

-Relájate, estamos aquí dentro. Estamos solos- dijo Stella sabiendo que su agobio se debía al tumulto de la gente. L parecía estar a punto de sufrir un ataque de ansiedad.

La pelirroja se agachó quedando a su altura.

-Bueno, relájate. ¿Tienes calor?- preguntó la chica acariciando su mejilla suavemente.

-Sí...- susurró cansado.

Stella fue a retirar la mano de su mejilla para ir a por agua, pero L la detuvo.

-No, no te vayas- pidió manteniendo la mano de la chica sobre su mejilla.

-Sólo voy a por agua- le explicó con dulzura levantándose para humedecer un pañuelo y volver junto al chico.

Una vez con el detective, Stella pasó el pañuelo por la frente y mejilla de L, haciendo que cerrase los ojos ante el contacto.

-Estás algo rojo. ¿Sigues teniendo calor?- preguntó la joven policía.

-Sí...- contestó algo azorado- Por aquí- llevó su mano a su nuca- Creo que esto de las fiestas no se me da bien- sentenció apenado.

-No digas eso. Es tu primer día. La próxima vez todo ira mejor. Ya verás- aseguró Stella pasando el pañuelo por la nuca del detective, provocándole un escalofrío por el tacto del pañuelo- ¿Mejor?

L asintió y señaló ahora la parte baja de su cuello.

-Aquí también tengo calor...- susurró con los ojos aún cerrados.

Ella obedeció y pasó el pañuelo por el lugar indicado. L siguió recorriendo diversas partes de su cuerpo hasta llegar al torso. Stella soltó una ligera carcajada.

-Te estás aprovechando un poco, ¿no?- preguntó la joven policía con burla.

L abrió los ojos y la miró seriamente.

-Me has pillado- dijo algo sorprendido.

-Entonces, ¿no tienes calor?- volvió a preguntar Stella.

-Sí. Tengo calor y hambre- respondió con voz melosa.

-¿Y qué quieres?- dijo la muchacha.

-Esto- contestó con un tono caprichoso, y acto seguido, la besó.

El contacto fue intenso desde el principio, dejando a ambos casi sin respiración.

L había agarrado a la chica del cuello de la camisa para acercarla aún más, con ansia, como si llevase esperando esto desde hacía tiempo.

El detective se levantó poco a poco sin romper el beso, empujando a la chica y llevándola hasta chocar contra la pared.

L profundizó el beso demostrando una gran maestría, haciendo que la joven perdiese por completo las fuerzas.

Poco después atacó su cuello sin miramientos, rozando la mejilla de Stella con su pelo, sacándole algunos suspiros.

-L... Has bebido demasiado... No estás bien- susurró la chica sobre su cuello, intentando recobrar algo de compostura.

Su comentario ni por asomo detuvo los ansiosos besos del chico, que seguían recorriendo desde la mandíbula hasta casi su hombro.

-¿Te parece a ti que no estoy bien?- su pregunta fue tan directa y precisa que Stella no supo que contestar, quedando en silencio cara a cara con el joven que la miraba con fijeza. Lo tenía tan cerca que sentía el calor que desprendía su pálida piel.

L entrecerró los ojos, acercándose aún más a la chica de forma provocativa, bajando la mirada a sus labios.

-¿No quieres que siga?- su voz apenas era un susurro, fingiendo un tono lastimero impregnado de burla y seducción.

Una corriente magnética parecía estar empeñada en unirles, apretando el cuerpo de L contra el de la policía, sin llegar a unir de nuevo sus labios.

-Dime, ¿quieres que te bese?- las preguntas del detective hacían que los pensamientos de Stella se revolviesen y mezclasen sin sentido alguno, llegando incluso a cortar su respiración.

Ella llevó una mano a la mejilla del chico, acariciándola con ternura, como había hecho momentos atrás para acabar con su ataque de pánico.

Le observó con detenimiento, pasando su mirada desde sus desordenados cabellos, a sus oscuros ojos grandes con unas ojeras profundizadas por la inminente resaca, hasta llegar a sus labios enrojecidos por el beso anterior.

La chica llevó su mano hasta la nuca del detective, aproximando su rostro al de ella, acabando con la distancia que separaba sus labios a modo de respuesta.

L no perdió el tiempo y volvió a juguetear con la lengua de la joven, pasando sus manos por la cintura, subiendo la camisa de la chica con picardía.

Ella rodeó la cintura del chico con sus brazos y pasó sus manos por la espalda de L, subiendo hasta la mitad de la columna, provocando en él un escalofrío y apretando el abrazo para juntar aún más sus cuerpos.

L sonrió, satisfecho con la respuesta de Stella, y llevó sus besos hasta la comisura de sus labios, llegando a la mejilla y bajando a la mandíbula.

El detective llevó una de sus manos hasta la cintura de la chica y bajó a una de sus nalgas, apretando realmente fuerte, y la empujó con firmeza por lo que ella soltó un pequeño quejido debido a la impresión.

El joven también jadeó soltando un cálido aliento en el cuello de la chica. Tras esto, mordió parte del cuello de Stella, soltando junto a su oído un gruñido felino realmente sexy.

La chica pasó las manos por el oscuro cabello del chico que mordía con saña la yugular y acariciaba sus pechos.

Cada vez les era más difícil coger aire y respirar con normalidad, hasta el punto de escuchar perfectamente los latidos de sus acelerados corazones.

Stella pasó sus manos por los hombros de L, deslizándolas hasta las mangas de la chaqueta del chico, tirando de ellas y haciendo que ésta cayese directa al suelo.

El detective no tardó en seguirle el juego a la joven, y desabrochó algunos botones de su propia camisa.

Pronto, ésta acabó en el suelo, junto a la chaqueta.

L seguía entretenido con el cuello de Stella, al cual no le daba ni un segundo de tregua. Ella pudo apreciar cada centímetro del torso del joven, acariciándolo y disfrutando de sus melosos besos, aveces algo posesivos.

Como si lo hubiese estado esperando desde el principio, retiró la camisa de la joven y la observó con detenimiento poniéndola algo nerviosa.

-Eres un poco pervertido- le acusó divertida.

L sólo la miró con fingido asombro, queriendo aparentar inocencia.

-¿De verdad lo crees?- dijo con su habitual tono incrédulo.

Tras esto, sonrió con dulzura y la volvió a besar llevando sus manos hasta los shorts de la chica, con intención de retirarlos.

La chica hizo lo propio con la ropa que aún conservaba el detective, repartiendo varios besos por el cuello del chico que sólo podía resoplar con deseo.

L no aguantó más la espera y comenzó algo brusco con las embestidas causando algunos gemidos en la chica, ahogados por los desesperados besos que ambos se daban.

Cada movimiento era más profundo que el anterior, volviéndose más tranquilos, haciéndose más sensible el contacto.

La chica rodeaba con una pierna a L, que dominaba el ritmo con precisión, sacando cada vez más gemidos de la boca de la joven policía.

El sudor ya había comenzado a aparecer, resbalando por el cuerpo de ambos.

El detective aceleraba el ritmo a su antojo, como si no le afectase el cansancio ni lo más mínimo, asemejándose a un león que por nada del mundo dejaría que su presa escapase.

Ese león se deleitaba con cada gemido de su presa, buscando el placer de ambos sin perder la autoridad que le correspondía.

Mordía y hasta arañaba buscando más contacto, deshaciendo en suspiros a la pequeña víctima que tenía en sus brazos. Sin compasión.

Aún siendo esas circunstancias, L quería seguir teniendo el control completo de la situación. Como siempre acostumbraba a hacer, anticipándose a cada movimiento y marcando los pasos a seguir.

Finalmente los quejidos de ambos se hicieron más sonoros debido al placer y satisfacción que ambos sentían, y que se encontraba en aumento hasta llegar al final, quedando ambos con las respiraciones entrecortadas y sin separarse ni un centímetro del otro.

En ese momento alguien aporreó la puerta.

-¡Eh! Los de ahí dentro. Salid, que el local va a cerrar- exclamó un hombre con voz grave desde fuera.

Stella se ruborizó, a diferencia de L que sólo se acomodó la ropa dispuesto a salir. Ella hizo lo mismo y salieron en un silencio incómodo.

Una vez fuera del local, el chico habló.

-La verdad... Es que esto ha sido una sorpresa- comentó el chico.

Cuando Stella se disponía a responder, llegaron Light y Leyre.

-¿Dónde estabais?- gritó Stella- Os he llamado cien veces y no me lo cogíais- reprochó la joven policía.

-Es que lo tenía en silencio- contestó Leyre agachando la mirada. Light ni siquiera respondió, limitándose a quedarse en callado.

L, sospechando de las extrañas miradas que se estaban lanzando sus dos amigos, preguntó.

-Oye, ¿os ha pasado algo?

-Nos han perseguido los skins y hemos tenido que huir de ellos nuevamente- contestó Light tratando de cambiar de tema con una risita nerviosa.

El detective, ni corto ni perezoso, le observó con mirada acusadora.

-Light, sabes perfectamente que no me refiero a eso- dijo mirándole con fijeza.

Durante algunos segundos, los cuatro policías se quedaron en silencio.

L seguía mirando a Light, esperando una respuesta que no iba a llegar. Leyre, viendo el panorama, intervino.

-¡Qué tarde es! Deberíamos pedir un taxi para llegar al cuartel y poder dormir algo- sugirió la joven.

Todos asintieron y pararon un taxi que venía de un par de calles más arriba.

Llegaron al cuartel. Pasarían allí lo que quedaba de noche. Los tres acompañaron a L hasta su habitación, asegurándose de que le había bajado la borrachera.

Y así fue, ya que comenzaba a llegarle la resaca, doliéndole intensamente la cabeza y cayendo redondo en la cama.

Tras esto, los otros tres jóvenes se dirigieron a distintas habitaciones dispuestos a dormir y poder recuperarse de la fatídica noche.

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Re: Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

Mensaje por Geassfanatic el Miér Abr 05, 2017 2:00 pm

Muy currado la verdad, lo has hecho tu Shocked ?, me ha sonado un poco raro lo de Argüelles, ¿Se han ido de fiesta por Madrid?, y entonces,¿Como no me los he encontrado por alli Twisted Evil ?, seria epico correrse una juerga con estos dos personajes miticos, aunque no les pega nada con su personalidad

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Re: Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

Mensaje por DeathNoteAndMe el Miér Abr 05, 2017 2:08 pm

Aaayyy me alegra que te guste! Pues es que nosotras somos de Madrid y por ello escribir sobre Argu! Y sí! Me encantaría ir de fiesta y encontrármelos, sobre todo a Light ♥️♥️♥️
Este es el primer cap de muchos... esta noche subo el segundo cap

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Re: Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

Mensaje por Kurono el Miér Abr 05, 2017 2:42 pm

Ha estado muy entretenido, mi enhorabuena

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Re: Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

Mensaje por DeathNoteAndMe el Miér Abr 05, 2017 3:04 pm

Muchas gracias!!! Esta noche subo el siguiente ! Estoy segura que os va a gustar (o eso espero) hahahaha

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Re: Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

Mensaje por DeathNoteAndMe el Miér Abr 05, 2017 7:05 pm

CAPÍTULO 2: RESACA

A la mañana siguiente, todo parecía en orden en el cuartel.

Las cámaras comenzaban a funcionar, y algunos policías ya ocupaban sus puestos. Watari comprobaba que L había llegado sano y salvo, y un detective de pelo negro intentaba levantarse de la cama sin que le explotase la cabeza.

En su estómago había una mezcla de dolor, náuseas y retortijones que no le dejaban moverse con su habitual agilidad. Sólo tenía una idea en la cabeza:

Venganza.

Esos tres "amigos" le habían mentido y emborrachado, y eso no quedaría impune.

En las otras habitaciones, Light, Stella y Leyre también intentaban levantarse, con menos dificultades que el detective.

Nada más salir de sus estancias, se dirigieron a la cocina para tomar una aspirina e intentar desayunar algo por poco que fuese.

Empezaron a charlar sobre lo de la pasada noche.

-Madre mía la que se lío anoche, ¿eh?- dijo Stella entablando conversación.

-Sí. No deberíamos volver a sacarle- corroboró Light tomándose la pastilla.

-La verdad es que la lío bastante- concluyó Leyre de acuerdo con sus amigos.

Se hizo un silencio increíblemente incómodo, y una brisa escalofriante les rodeó. Los tres notaron como una presencia negativa se encontraba a sus espaldas y se giraron a la vez lentamente.

Ante ellos se encontraba un L vestido ya con su ropa habitual. Su expresión parecía salida del mismísimo infierno. Como si Lucifer hubiese llegado para cobrarse su fría venganza.

Caminó lentamente hacia ellos. Con paso firme, y habiendo escuchado cada una de las palabras de los jóvenes. A su paso, ellos se apartaron dejándole un pasillo, temiendo cruzarse en su camino, para que llegase a la encimera y llenase un vaso de agua. Tras hacer esto, se giró encarándoles y con una voz ronca, habló.

-Una aspirina- pidió sin cambiar su expresión.

Los tres policías le miraron aterrados, y Light y Leyre se fijaron en Stella.

-Dásela tú- susurró Leyre intentando que L no se percatase. Tras lanzar una mirada desesperada a la joven, Stella tragó saliva, cogió una pastilla y se la ofreció al detective con el pulso tembloroso.

Éste la tomó con el índice y el pulgar, y clavó su mirada en la chica, petrificándola. No parecía en absoluto, el dulce chico con el que había estado la noche anterior.

-Gracias- soltó en un tono tan arisco que parecía un insulto.

Todos se tensaron más de lo que estaban.

L se tomó la pastilla y salió de la cocina, arrastrando los pies y dejando tras de sí, la misma aura negativa con la que había llegado.

Los tres amigos cogieron aire y se miraron preocupados por cómo continuaría el día.

Cada agente ocupó su puesto. Pero no tardaron en llegar los problemas.

Primero unos informes que tenía Leyre, que estaban llenos de errores y se vio obligada a dárselos al detective, pues era el único autorizado para corregirlos. Eso le supondría un trabajo extra y un quebradero de cabeza que con esa resaca, no estaba dispuesto a aguantar.

El siguiente problema no tardó en llegar. Stella tuvo que informar a L de que todos los avances realizados el día anterior se habían borrado, debido a que cuando salieron hacia su casa para irse de fiesta, se olvidaron de guardar los informes en el sistema operativo. L parecía a punto de estallar, pero se contuvo y logró no gritar a la chica.

Finalmente, Light no tuvo mayor suerte. Tuvo que explicarle al detective cómo se habían arruinado todos los pastelitos que Watari había comprado ese día en su pastelería favorita, agotando las existencias para el resto de la semana. Al parecer, la resaca había entorpecido a Light que empujó a Watari, ocasionando que todos los pasteles cayesen al suelo.

Esa noticia destruyó por completo el ánimo del pobre detective. Parecía que fuese una bomba a punto de estallar, cuando de pronto entró Matsuda con una gran sonrisa y se acercó a él.

-¿Qué tal anoche?- preguntó de forma amistosa dándole un golpecito leve en el hombro.

L se movió ligeramente, ignorándole por completo. Matsuda se situó tras el chico y siguió hablando.

-L- llamó al detective para que reaccionara- Antes he probado uno de los pastelitos que ha traído Watari. Dice que son tus favoritos, y con razón. ¡Estaba riquísimo!- exclamó con simpatía.

L entrecerró los ojos. Le saltaban chispas. Era el colmo. Matsuda había conseguido probar los pastelitos antes de que se cayesen al suelo, y él no. Él tendría que esperar el resto de la semana para poder catarlos.

Sin pensárselo dos veces lanzó un puñetazo hacia atrás, dando directamente en la cara de Matsuda, dejándolo KO al instante. La nariz del policía comenzó a sangrar a borbotones.

Con toda la tranquilidad del mundo, L encendió el micrófono que se situaba frente a él, y con voz indiferente, dijo.

-Watari, Matsuda está sangrando. Trae el botiquín- pidió sin ni siquiera dirigirle una mirada al policía que se encontraba en el suelo.

Al rato Leyre, Light y Stella se encontraron a Matsuda con un pañuelo en la nariz sangrando junto a Watari, que estaba junto al botiquín curando al joven policía.

-Matsuda, ¿qué te pasa? ¿Te has caído?- preguntó Stella preocupada.

-No, L me ha pegado- contestó apenado haciendo un puchero.

-¿Y eso? ¿Qué ha ocurrido?- preguntó ahora Light extrañado. Aunque con el humor que tenía ese día el detective, que ocurriese algo así, era posible.

-Nada. Simplemente entré a la sala de vigilancia, y en cuanto le hablé un poco, me golpeó- respondió sin hallar explicación a lo sucedido.

A los tres les pareció una reacción muy infantil por parte del detective. Pero con el malhumor que se gastaba esa mañana, nadie se atrevió a recriminarle nada.

Pasó la mañana, y por la tarde, cuando le tocaba guardia a Light con L, le contó todo lo ocurrido la noche anterior con la joven policía. El detective hizo lo mismo, narrando lo sucedido con Stella.

-¿Por qué crees que ellas no han sacado el tema en ningún momento?- preguntó Light confuso.

-Probablemente, con todo el alcohol que bebimos no lo recuerden- concluyó L llevándose el pulgar a sus labios.

-Es posible. Con todo lo que bebieron, no me sorprendería- corroboró Light- Oye L, ¿te puedo hacer una pregunta?

-Claro- contestó el detective mirando a las cámaras fijamente.

-¿Qué sientes por Stella?- preguntó Light con curiosidad.

El joven se quedó callado unos segundos pensando su respuesta.

-Lo que ya sienta, importa bien poco. Seguramente para ella sólo fue fruto del alcohol- contestó con el mismo tono indiferente de siempre. Pero Light notó en los ojos del detective un brillo apenado.

Por otra parte, en la sala de informes se encontraban las dos jóvenes policías, charlando del mismo tema.

-Hoy L ha estado de muy malhumor- dijo Stella ojeando por encima los dossiers.

-Cierto. Hasta ha pegado al pobre Matsuda...- respondió Leyre mirando unos archivos en el portátil.

-Y lo que me has contado de anoche... ¿Crees que lo recordarán ellos? L estaba muy borracho. Y Light... tampoco estaba mucho mejor- recordó Stella preocupada.

-Yo supongo que sí. Si nosotras lo recordamos... Ellos también...- coincidió Leyre de forma pensativa.

Se hizo un silencio durante unos segundos.

-Oye, ¿pero a ti te gusta Light?- preguntó Stella extrañada.

-Sí. Es un chico muy majo, muy atento, muy responsable...- Leyre comenzó a enumerar las cualidades del joven. Pero Stella la interrumpió.

-¿Enserio?- soltó Stella- A mí me parecía que era... Algo... Afeminado... Algo gay. Y que lo de Misa era todo una tapadera- concluyó la pelirroja divertida.

-No, si yo pensaba lo mismo- contestó Leyre apoyando la teoría de Stella- Como lleva el pelo tan arreglado... ya sabes. Cada día estrena un conjunto... Llegué a pensar que tenía más ropa que yo...- siguió afirmando la joven mientras Stella asentía corroborando todas sus palabras- Bueno, y hablemos de L, ¿te va ese rollito?- se mofó la chica.

-¿Qué rollito?- preguntó Stella conteniendo la risa.

-Ya sabes, en plan... descuidado, un poco emo... Creo que tiene cara de panda anoréxico- finalizó entre carcajadas.

Stella se reía a más no poder.

-Hombre. Es un poco raro, pero al final se le coge cariño- bromeó la muchacha.

Las dos se carcajeaban sin poder parar. Pero lo que no recordaban, era que el cuartel estaba rodeado de cámaras dotadas de sonido, y por tanto L y Light, que estaban haciendo guardia, escucharon perfectamente la conversación.

-Parece que se acuerdan de todo- afirmó L llevándose el pulgar a los labios.

-Pues sí- contestó Light pensativo- Oye, ¿nos han llamado raritos?- preguntó el chico confundido.

-No- contestó L con seriedad- Rarito a mí. A ti gay- aclaró señalando a Light con el dedo acusador.

Light alzó la mano intentando alcanzar el micrófono para gritarle varios improperios a las dos chicas y redimir su orgullo pisoteado, pero L lo detuvo.

-Tranquilízate Yagami- dijo L con seriedad- Esto merece una venganza- y una sonrisilla malvada se apoderó de los rostro de ambos jóvenes.

Tras unos segundos pensativo, L dio con la clave.

-Si tan raritos y gays creen que somos... Podríamos hacerlas pensar que tienen razón- expuso el detective con cierta malicia en sus palabras.

-Explícate- pidió Light de acuerdo con las palabras del moreno.

L le contó el plan, y Light aceptó, preparando una buena broma que las dos chicas jamás podrían olvidar.

Un par de horas más tarde, Stella y Leyre, muertas de sueño por no haber podido dormir, fueron a la cocina a por un par de cafés.

Pero al abrir la puerta y entrar, se encontraron una escena bastante peculiar:

Light estaba de cara a L contra la encimera. El detective se encontraba realmente cerca con las manos apoyadas en las caderas del castaño, apenas a unos centímetros de besar sus labios.

Las chicas se quedaron pálidas, observándoles con los ojos muy abiertos.

Cerraron la puerta y se miraron atónitas.

-¿Has visto lo mismo que yo?- preguntó Stella incrédula.

-Creo que sí tía- respondió Leyre sin aliento.

Mientras tanto, en el interior de la cocina.

-¿Quieres quitar las manos de mi cintura? ¡Ya se han ido!- dijo Light dando un par de palmadas en las manos del detective para que se soltase- ¿Crees que habrá funcionado?- preguntó preocupado.

-No sé- contestó L encogiendo los hombros. Entonces miró de reojo al castaño- Oye Light... Me gusta cómo huele tu pelo- susurró insinuante.

El castaño se puso rojo como un tomate y le gritó.

-¡Cállate!

L se dio la vuelta, y antes de salir por la puerta se giró a mirar a Light.

-Es hora de saber si ha funcionado- anunció con diversión.

Mientras en la sala de informes, las chicas comentaban lo que acababan de presenciar.

-¡Qué fuerte! ¿Y si son gays? ¿Por qué se acostaron con nosotras?- preguntó Stella extrañada.

-A lo mejor es que sólo estaban borrachos- respondió Leyre con desilusión- O... Les van las dos cosas...- supuso intentando encontrar una explicación.

-Pues menuda desilusión. Ya me he deprimido para todo el día- suspiró Stella.

Los chicos comentaban la escena desde la sala de cámaras.

-Ha salido a pedir de boca- dijo L mirando la escena con atención.

-Es verdad. Se lo han tragado- corroboró Light- Eso les pasa por meterse con nosotros- sonrió triunfal.

Las chicas continuaban hablando.

-Oye, ¿pero tú quién crees que manda?- preguntó Stella seria.

-No sé. Pero el que estaba contra la encimera... era Light- contestó Leyre dejándolo caer.

-Tienes razón. Ya tenemos a la pasiva- dijo la policía suspirando con una sonrisa resignada.

En la sala de las cámaras, los rostros de los dos jóvenes habían cambiado por completo.

-¿¡Pero tú lo estás oyendo!? ¡Menuda porquería de venganza! ¡Nos están criticando más!- bufó Light con su orgullo bajo mínimos.

L no decía nada. Sólo sonreía a las cámaras.

-¿Y tú de qué te ríes?- alzó la voz el castaño exasperado.

-Oh, nada. Pero están diciendo que yo soy activa- contestó orgulloso.

Inmediatamente, el castaño se levantó para dirigirse a la sala de informes donde se encontraban las chicas. Seguido de cerca por L.

Light abrió la puerta de la estancia.

-Lo de la cocina era una broma- gritó desesperado. Leyre y Stella se quedaron mirándole sin entender de lo que hablaba.

-A ver. No hagáis caso a este inútil. Lo que ocurre es que habíamos planeado una venganza porque escuchamos vuestras críticas desde la sala de cámaras- explicó L con tranquilidad. Las chicas seguían en silencio- Lo de rarito y gay- terminó de explicarse el detective.

Leyre y Stella lo comprendieron todo.

-¿Entonces lo de la cocina era broma?- preguntó Leyre indecisa.

-No estáis...- Stella fue interrumpida.

-¡NOOOOO!- exclamó Light alterado.

-¡VALE, VALE!- contestó la pelirroja en el mismo tono que el chico.

-Todo esto ha empezado porque nos habéis llamado gays y raritos- explicó el castaño.

-No, no, no. Te vuelvo a repetir que el gay eres TÚ- rebatió L señalándole con un dedo acusador.

Stella asintió corroborando las palabras del detective, lo que hizo que L también asintiese.

Light le dio una colleja al detective y Leyre le soltó un codazo a la policía.

-Entonces... ¿Habéis escuchado tooooda la conversación?- preguntó Leyre.

Los dos chicos asintieron.

-¿Y lo de anoche también?- preguntó Stella.

-¿Lo recordáis todo?- volvió a preguntar Leyre.

-Todo- afirmaron ambos chicos.

Un evidente sonrojo apareció en las mejillas de las dos policías.

En ese momento sonó un teléfono. Los cuatro amigos se miraron sorprendidos esperando a que alguien atendiese la llamada. L metió la mano en el bolsillo de sus pantalones y sacó el iPhone que sonaba.

-¿Sí? Watari... Ah. Ahora vamos- dicho esto, el detective colgó el teléfono y lo volvió a guardar- Watari me ha dicho que vayamos a la sala principal. Nos está esperando.

Los cuatro policías se dirigieron al lugar indicado. Y efectivamente, ahí estaba Watari esperándoles.

-Gracias por venir- dijo el hombre con una sonrisa- Quería pediros un favor. He recibido una llamada de un buen amigo mío. Al parecer, su hija ha sido asesinada por un psicópata al que se le atribuyen varios crímenes sin resolver. La policía está desbordada y no puede más. Me ha pedido por favor que le ayudemos a resolver esto. Sé que estáis muy liados con el "Caso Kira", pero se lo debo. Es un gran amigo y no me gustaría fallarle. Los que podáis ayudar, seréis bien recibidos- pidió el mayordomo con amabilidad.

-Watari, prefiero dejar esta unidad a cargo del "Caso Kira". Yo te ayudaré, pero a ellos déjalos al margen- sentenció L con decisión.

Watari asintió comprendiendo las palabras del detective.

-Pero L, podemos encargarnos de este caso unos días. Además, si te ayudamos los tres, lo resolverás antes y podrás volver al "Caso Kira"- se ofreció el castaño para participar en el nuevo caso.

L le observó atento. Stella habló.

-Yo también creo que podemos ayudarte. Además, si se trata de un asesino en serie el tiempo es crucial. Y cuanto antes lo resolvamos, menos víctimas habrá- explicó Stella convencida.

L se llevó el dedo pulgar a los labios.

-Puede que tengáis razón- contestó dándose la vuelta y mirando al hombre trajeado.

-Watari, echemos un vistazo a ese caso- contestó el chico.

Se trataba de una serie de asesinatos en los que el criminal escogía a sus víctimas con una edad de entre dieciséis y veinticinco años.

Al parecer, en cada escena del crimen aparecía una carta del tarot, y con la víctima conseguía escenificar lo que dicha carta representaba.

Seguía el orden de la baraja, por lo que el primer asesinato se basó en "El Mago" y la víctima fue un estudiante de veintitrés años que apareció degollado en su respectivo apartamento como todos los demás. Vestía un traje largo, un puñal en su mano derecha y un cáliz en su mano izquierda. En el cuello llevaba un talismán de cinco puntas.

La siguiente víctima representaba a la sacerdotisa, siendo esta vez una joven de dieciséis años, asfixiada y vestida con un largo vestido azul, un libro en su mano derecha y una cruz en su mano izquierda.

La emperatriz fue la carta encontrada en el tercer asesinato. La víctima fue una chica de veinticuatro años, que llevaba un vestido negro voluminoso y largo. Se la encontró sentada con un cetro en la mano. La autopsia determinó que murió envenenada por ácido clorhídrico.

El siguiente arcano encontrado fue el emperador. Se trataba de un chico de apenas veinte años vestido con un traje de rey con capa y una corona de laureles. El cetro que portaba en su mano derecha era realmente parecido al de la emperatriz. Fue hallado también sentado. Murió por un fuerte traumatismo craneoencefálico. En este cuerpo también se encontraron varias muestras de violencia. Al parecer la víctima se había resistido más que las anteriores.

El último asesinato que se había atribuido a este psicópata, era el de un hombre de veinticinco años. Representaba "El Papa". vestido con un ostentoso traje largo y una capa abultada, junto con una cruz. Su muerte había sido causada por un disparo en la cabeza. No había ningún tipo de huella en la escena del crimen, por tanto, ni una sola pista de quién podría ser el autor.

La policía no había encontrado ninguna relación entre las víctimas, y parecía imposible adivinar cuál sería el próximo movimiento del asesino. Lo único seguro era que la siguiente carta de la baraja, era el número 6. Los enamorados.

Watari les contó que la chica asesinada junto a la carta de La Emperatriz, era la hija del amigo que les había pedido el favor.

Lo primero que L quiso descubrir, fueron las pistas que el asesino había dejado en la escena del crimen para conducirles al siguiente, ya que era obvio que para el criminal se trataba de un simple juego y como tal, tendría que dejar pistas que indicasen el lugar del crimen o la próxima víctima.

Estuvieron analizando las fotos de las escenas durante toda la tarde, intentando encontrar una pista o el más mínimo fallo cometido por el psicópata. Pero de momento no parecían tener mucho éxito.

Al anochecer, cada uno de los policías se fue a su respectiva casa.

Al día siguiente, nada más llegar al cuartel, los cuatro amigos volvieron a concentrarse en ese caso.

Al principio no había parecido complicado, pero al parecer la mente del criminal era más compleja y retorcida de lo que pensaban.

L había llegado a una conclusión; Las horas en las que se habían producido los crímenes eran empezando desde la una de la madrugada con la primera carta y sumándole el número de la siguiente, como una sucesión.

Pero otro problema aún más grave, reinaba en el cuartel.

El café se había acabado, y L se negaba a pensar sin café y pastelitos.

Las chicas tuvieron que aguantarle toda la mañana con el mono de azúcar, cosa no muy agradable. Al final las dos policías tuvieron que salir para comprar algo que satisficiese al detective.

-Stella, ¿cómo ves a Light?- preguntó Leyre algo avergonzada.

-¿En qué sentido?- respondió la joven con otra pregunta.

-En cuanto a lo que pasó conmigo- aclaró la pelirroja.

-Pues es un chico muy majo, agradable, responsable...- respondió Stella pensativa- Pero... Tiene novia, y no lo ha dejado con ella- concluyó tratando de no herir los sentimientos de su amiga.

-Tienes razón- susurró ésta junto con un suspiro.

Continuaron hablando hasta llegar a la tienda y comprar el café y los preciados pastelitos del detective.

Al llegar al cuartel, Light y Leyre fueron a la cocina para preparar el café. Los pastelitos los dejaron en la sala de cámaras con Stella y L.

En la cocina, el castaño y la policía se disponían a llenar las tazas con el café recién hecho.

Leyre fue a coger una de las tazas, pero al tocarla se quemó el dedo y se llevó la mano a la boca, soplando y emitiendo un pequeño quejido.

-¿Estás bien?- preguntó el chico agarrando la mano de la joven y soplando, haciendo que su piel se erizase.

Ella disfrutó del contacto, pero pronto apartó la mano recordando las palabras de Stella

"Tiene novia y no lo ha dejado con ella"

Leyre bajó la mirada y dio un paso hacia atrás, cosa que Light utilizó a su favor, aprovechando para empujarla contra la encimera, causando que la chica contuviese el aliento durante uno segundos.

Antes de que pudiese reaccionar, ya estaba besándola. Ella le siguió el beso, acariciando la mejilla del chico. Light quiso profundizar el beso, pero Leyre se apartó intentando no ser brusca. El chico se quedó sorprendido, y ella aprovechó para coger un café de la mesa y dirigirse hacia la puerta.

-Tengo que llevarle esto a L- dijo con nerviosismo.

La chica se dirigió a la sala de cámaras a pasos agigantados.

Mientras en dicha sala, L había devorado ya varios pasteles, mientras que Stella aún continuaba degustando el primero.

-Oye, ¿de verdad te parezco tan rarito?- preguntó el detective mirando fijamente a las cámaras mientras se llevaba otro pastel a la boca.

-A ver... No lo decíamos con malicia- contestó Stella a modo de disculpa- Algunas de las cosas que haces son un poco extravagantes- siguió observándole, mientras el chico se comía otro pastel- Pero eres muy dulce- concluyó sonriendo.

L alzó la vista y la miró.

-¿Eso es un piropo?- preguntó mirándola atentamente.

-Podría considerarse así- respondió la policía con un ligero rubor en las mejillas por la atenta mirada del chico.

L tan sólo sonrió y volvió a llevar la mirada hasta las cámaras, tomándose el último pastel que quedaba. Stella también se terminó el suyo, quedando algo de nata en su labio inferior.

L observó los labios de la chica y se quedó mirándolos fijamente. En un movimiento casi invisible, atrapó la boca de la muchacha con la suya propia.

Stella apenas pudo reaccionar, pero finalmente terminó por cerrar los ojos y dejar que el chico la besase, siguiéndole el beso un par de segundos después. El detective pasó su lengua por la comisura de los labios de la chica, lamiendo lo que quedaba de nata.

En ese momento, Leyre entró con el café en las manos. Pero cuando vio la escena, retrocedió avergonzada por haber interrumpido el momento.

Ambos se separaron y L volvió a sentarse en su postura habitual.

Stella no acababa de creerse lo que había pasado. Había sido demasiado repentino, y se había quedado shockeada.

-Tenías algo de nata en los labios- murmuró el detective sin quitar la vista de las cámaras.

Stella no supo qué decir, pero al mirarle de reojo, pudo notar un leve sonrojo que tal vez sólo imaginase.

En ese momento, el móvil de la joven policía vibró recibiendo un mensaje de su amiga que la citaba en la cocina de inmediato. Stella no respondió, tan sólo se levantó para irse, pero en el último segundo, retrocedió y se acercó sigilosamente al detective, volteando la silla y provocando que ambos quedasen cara a cara.

Lentamente se acercó al detective, capturando los labios del chico con los suyos propios durante tres segundos. Lo suficiente para dejar al chico con los ojos entornados y la mirada perdida. Mientras, aprovechó para salir por la puerta y dirigirse hasta la cocina. Allí la esperaba Leyre, pidiéndole con la mirada todo lujo de detalles.

-¿Qué ha sido eso?- preguntó la chica emocionada.

-Nada... Tenía nata en los labios y...- dejó la respuesta en el aire.

-Y te besa para quitártela, ¿no?- volvió a preguntar con retintín.

Stella sólo se sonrojó. Hasta que recordó que su amiga había estado sola preparando los cafés con Light.

-¿Y qué tal tú preparando los cafés con Light?- preguntó ahora ésta con picardía.

Leyre enrojeció y acto seguido, desvío la mirada.

-Bueno... Me ha besado- confesó- Pero me he apartado- concluyó la chica algo apenada.

Stella se quedó callada y segundos después, habló.

-Bueno, yo pienso que más que evitarle, deberías hablar con él- aconsejó la policía con sinceridad.

Leyre se puso a la defensiva y contestó a su amiga.

-Prefiero no sacarle el tema. Lo último que quiero es darle pena haciéndole pensar que me había hecho ilusiones- explicó disgustada.

-No creo que llegue a pensar eso- rebatió Stella con una sonrisa- Si te ha besado ahora, es porque le gustas, ¿no? Háblalo con él. Hazme caso- sugirió de nuevo.

-Puede que te haga caso- contestó la chica con una sonrisa esperanzada.

Mientras que en la sala de cámaras, Light llegaba algo disgustado. Encontró a L completamente estático mirando hacia la puerta, con la mirada perdida. Light se acercó extrañado, y movió al detective, zarandeándole por los hombros.

-L, ¿estás bien? ¿Qué te pasa?- preguntó el castaño algo preocupado.

-La he besado...-susurró completamente ido.

-¿A quién?- preguntó Light confuso.

-Por la nata- seguía en shock.

-Pero, ¿de qué nata hablas?- volvió a preguntar el chico.

-Y ella me ha besado a mí- concluyó el detective sin cambiar de expresión.

-¿¡Pero qué te pasa!?- exclamó Light haciendo que L por fin reaccionase.

-Ah, Light, ¿cuánto tiempo llevas aquí?- preguntó el detective con un deje sorprendido.

-Enserio L. ¿Qué te pasa? ¿De qué nata hablabas?- preguntó el castaño realmente preocupado.

-Ah, nada. De la nata que tenía Stella en los labios- contestó como si fuese lo más normal del mundo.

-¿¡La has besado!?- preguntó el chico sorprendido.

-Sí. Y ella a mí- respondió con pasotismo.

Ambos chicos tuvieron tema de conversación para rato.

El cielo comenzó a nublarse justo antes de que saliesen del cuartel, y cuando quisieron darse cuenta, había empezado a llover como nunca antes. Leyre se dirigió a la parada del autobús. Light se había ofrecido a llevarla a casa, pero ella había preferido empaparse antes que pasar unos segundos a solas con el castaño.

Cuando le quedaban treinta metros para alcanzar el autobús, vio cómo arrancaba y se iba, quedándose ella bajo la lluvia. Parecía que hoy le tocaría una ducha de agua fría.

La joven escuchó un pitido que llamó su atención. Se giró viendo el coche de Light aparcado frente a ella, con la ventanilla del copiloto bajada. Se acercó.

-Acabo de ver cómo se va el autobús. Sube anda- dijo con una sonrisa burlona.

La chica miró a los lados intentando buscar una escapatoria que no halló, así que con resignación, abrió la puerta y entró al coche.

Light condujo en silencio hasta la casa de la joven.

Cuando paró el coche, ésta se dispuso a salir de él musitando un simple "gracias". Pero Light la detuvo, cogiéndola de la mano.

-¿Qué te pasa?- preguntó con preocupación.

-No es nada- Leyre intentó restarle importancia.

-Ni siquiera me miras- la acusó el castaño apenado.

Ella miró hacia el suelo. Segundos después levantó la mirada, enfrentándose al chico.

-Light, tienes novia y no quiero entrometerme ni que te sientas obligado a nada- le explicó ella.

-¿Cómo estás tan segura de que tengo novia?- preguntó el chico seriamente.

-Pero... ¿Y Misa?- respondió la joven con otra pregunta.

-Ayer por la noche hablé con ella- dijo apartando la mirada- Estoy harto de sus tonterías y de sus celos. Llevábamos tiempo mal y ya no aguanto más- concluyó mirando a la chica.

Leyre se quedó en silencio asimilando las palabras. Esto era lo último que esperaba oír.

-La verdad es que me gustaría que empezásemos a salir- dijo el castaño con una expresión dulce.

A Leyre se le cayó el alma a los pies y se le aceleró el pulso. Sus palabras la estaban dejando totalmente KO. Incluso se mareó un poco. No podía creer lo que estaba oyendo.

-¿Hablas enserio?- preguntó la policía incrédula.

La expresión de Light se tornó pálida.

-¿Es que no quieres?- contestó abriendo los ojos como platos.

Ella enseguida negó con la cabeza.

-No. No es eso. Claro que quiero, pero me ha sorprendido- respondió aclarando el malentendido.

El joven sonrió y sin dejar que la chica terminase su explicación, la besó. Fue un beso dulce al principio pero que cambió a los pocos instantes.

Se separaron mirándose con una sonrisa, y ambos jóvenes se despidieron para que la chica entrase a su casa.


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Re: Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

Mensaje por DeathNoteAndMe el Sáb Abr 08, 2017 1:05 pm

CAPÍTULO 3: EL ASESINO DEL TAROT

Al día siguiente por la mañana, Light y L estaban ya a primera hora frente a las cámaras, antes de que las chicas llegaran. El castaño le había contado todo lo ocurrido con Leyre al detective, aunque este estaba muy concentrado en el caso y apenas prestaba atención.

En ese momento, sonó un timbre que llamó la atención de ambos chicos, alguien había llamado para entrar al cuartel. L encendió la cámara de la calle para comprobar de quién se trataba. En ella apareció Misa con cara de muy pocos amigos.

L miró a Light pidiendo permiso para abrir.

-No la abras- dijo el castaño indiferente.

L asintió e ignoraron el timbre, pero este sonó tantas veces que les causó dolor de cabeza.

-Ábrela y habla con ella- exigió L mirando fijamente a Light.

El chico asintió a regañadientes y se levantó para recibir a la chica mientras L abría la puerta.

El chico esperó unos segundos a que se abriese la puerta del hall, y por ella entró la rubia con el ceño fruncido y roja de rabia. Light suspiró.

-¿Qué haces aquí Misa?- preguntó cansado.

-¿Cómo que qué hago aquí? Light, acabas de dejarme sin ninguna razón concreta y me preguntas por qué estoy aquí- contestó casi gritando.

-¿Sin ninguna razón en concreto?- volvió a preguntar el chico indignado- ¿Pero tú has escuchado algo de lo que te dije? Misa, ¿eres más tonta de lo habitual o me lo parece a mí?- concluyó indiferente.

-Light, ¿cómo me puedes hablar así? Sabes que te quiero, haría cualquier cosa por ti. Pídeme lo que quieras- dijo la chica arrastrándose.

-Sólo estoy siendo sincero- contestó el chico- Si de verdad quieres hacer lo que te pida, lárgate y no vuelvas. Yo no quiero nada contigo- afirmó con frialdad.

La chica hizo pucheros a punto de llorar y le abrazó con fuerza. Light no movió ni un músculo, ni siquiera pestañeó. Misa empezó a llorar con lágrimas de cocodrilo, rogándole al chico.

-¿Hay otra verdad? Hay otra, dime la verdad- dijo entre sollozos.

-Vete ya- contestó el chico con un tono gélido.

-¡Dime la verdad!- gritó la chica berreando.

Light la cogió de los hombros y la apartó como pudo. Volvió a pedirle que se fuera, esta vez más alterado.

La chica cedió y secándose las lágrimas con una mano, se dio media vuelta para irse.

-No te creas que voy a desistir tan rápido- dijo la chica con insistencia.

En ese momento, cuando la chica estaba a punto de irse, entró Leyre por otra puerta. Light se dio la vuelta dando por hecho que Misa se había ido, y viendo a la policía, se acercó con una sonrisa

-Buenos días...- el chico no la dejó continuar la frase y le dio un beso en los labios, que la chica correspondió gustosa.

Lo que el chico no sabía, es que Misa no había salido por la puerta, y al darse la vuelta para echar un último vistazo, vio el beso entre ambos.

La ira salía por todos los poros de su piel, tenía los ojos chispeantes. Acercándose con paso firme y sonoro, enfrentándose a Leyre cara a cara.

-¡LO SABÍA! !SABÍA QUE HABÍA OTRA!- gritó visiblemente alterada- ¿CÓMO HAS PODIDO ENGAÑARME CON ESTA?- preguntó indignada.

Misa se dirigió a la chica.

-¡NADIE ME QUITA A MI NOVIO, Y MENOS UNA GUARRA COMO TÚ!- gritó.

-¿Qué me has llamado?- preguntó Leyre incrédula y ofendida.

-¡LO QUE HAS OÍDO! ¿O ES QUE APARTE DE GUARRA ERES SORDA?- contestó con ira.

La rubia levantó la palma de la mano y le dio a la policía un tortazo en la cara que se enrojeció al momento.

Leyre la miró con los ojos abiertos como platos, completamente estupefacta, pero no tardó ni un segundo en reaccionar de la misma forma, soltándole un sonoro bofetón en la cara a Misa.

Light las separó como pudo, pero como si se tratase de una pelea de gatas, las chicas se agarraban sin soltarse. La pelea parecía realmente preocupante, ya que se pegaban, gritaban y arañaban como si de verdad quisiesen matarse. En ese instante apareció L que aprovechando que Light había agarrado a Leyre por la espalda, empujó a la rubia, casi plaqueándola, haciendo que se apartase aunque seguía gritando improperios.

-Misa Amane, como no te vayas, tendré que llamar a seguridad- ordenó L con seriedad.

La chica, viéndose derrotada, se colocó la ropa y se dio la vuelta para marcharse, lanzando miradas de odio a todos los presentes.

Los tres se quedaron en silencio, asimilando lo que había ocurrido y escuchando el fuerte portazo que confirmaba que la chica se había ido de verdad.

-He de admitir que por un momento me ha dado miedo. Pensaba que me arañaría la cara- dijo L acariciándose la mejilla- Me debes una- le dijo a la joven policía.

Leyre respiró más tranquila habiéndose librado de Misa.

-De todas formas, que sea la última vez que hay una pelea en este cuartel. Si volvéis a causar algún problema, estáis fuera del caso- dijo seriamente. Tras esto y sin mirarles, dio media vuelta y se marchó hacia la sala de las cámaras, cambiando completamente de humor a su habitual indiferencia.

Light miró a la joven sin comprender muy bien la situación y ambos siguieron al detective.

Al poco tiempo de llegar a la sala, Leyre empezó a acariciarse la mejilla aún dolorida y le empezó a escocer el hombro, al parecer, arañado.

-Creo que tengo un arañazo- se quejó la chica a los dos jóvenes.

-¿Quieres que te acompañe y veamos esa herida?- se ofreció Light preocupado. Ella asintió y ambos salieron de la sala.

En ese momento llegó Stella y vio a L escribiendo algo y observando informes con fotos sobre las escenas del crimen del caso que estaban investigando.

-¿Dónde están los demás?- preguntó la chica con inocencia.

-Agente Escribano, ¿sabe que ha llegado tarde?- omitió L la pregunta de la chica.

Stella pensaba que el detective bromeaba, así que le sonrió y le siguió el juego.

-Perdone detective, pero me han surgido varios contratiempos- contestó jocosa.

-No estoy bromeando. Explíqueme ahora mismo por qué ha llegado tarde- a Stella se le borró la sonrisa de la cara al instante. L no bromeaba.

-Bueno, a ver, había tráfico- se disculpó tímidamente la chica- ¿Te pasa algo?- preguntó extrañada y algo intimidada.

El chico se levantó de improviso y se puso frente a Stella agachándose y quedando a la misma altura.

-No, a mí nada, ¿y a ti?- respondió con sequedad.

-¿Acaso te molestó el beso de ayer?- le siguió el juego.

-Que te quede muy claro, aquí hay unas normas y hay que cumplirlas. Yo te puedo besar, tú a mí... No- contestó el detective remarcando la última palabra.

Stella le sonrió burlonamente.

-Así que... ¿Yo no puedo?- preguntó provocativamente.

-No, no puedes- respondió con aparente seriedad, acercándose aún más a la chica.

-Vale...- susurró sonriendo de forma "inocente".

Stella ni corta ni perezosa, agarró el cuello de la camisa del chico y con este movimiento, acortó la distancia quedando a escasos milímetros, notando cada uno el aliento del otro.

-Si te quiero besar, te beso- dicho esto, la joven plantó sus labios en los del detective, dando lugar a un beso que empezó siendo suave y se acabó tornando brusco.

Cuando el chico iba a meter las manos por dentro de la camisa de Stella, esta se apartó y sujetándole de los hombros, habló.

-Tienes razón... No puedo- murmuró con una sonrisa burlona y triunfal. Dicho esto, dio media vuelta y salió por donde había entrado, dejando al pobre detective bastante descolocado.

Mientras tanto en otra habitación, Light acababa de sacar el botiquín y se disponía a observar el arañazo que tenía la chica en el hombro.

-Vaya... No tiene buena pinta, habrá que amputar- bromeó el chico.

-No digas eso- se quejó Leyre acariciando su arañazo con el dedo índice lentamente.

Light tomó su mano de la zona enrojecida y la apartó, y esta vez fue él el que pasó el pulgar por la piel inflamada. Parecía que se iba a acercar para darle un beso en el arañazo. Efectivamente, posó sus labios con delicadeza sobre la señal enrojecida haciendo que la chica no pudiese evitar emitir un pequeño suspiro.

-Ha sido mi culpa... Perdona- dijo con sus labios aún cerca de la piel de la policía, haciendo que su cálido aliento chocase contra ella y provocándole un escalofrío.

-No te preocupes, no ha sido tu culpa...- respondió Leyre en un susurro.

-Claro, claro, que ha sido mi culpa...- volvió a besar la herida esta vez más lentamente, haciendo que la chica notase cada caricia de sus labios sobre su piel.

La chica rozó la mejilla de Light y levantó su rostro, quedando ambos a la misma altura. Ella deslizó su mano desde la mejilla hasta sus cabellos y los rozó lentamente, posando sus labios en la comisura de los labios del chico. Este sonrió y atrapó los labios de la chica con los suyos y la besó con dulzura, rozando con su lengua los labios y mordiéndolos ligeramente. La joven policía pasó las manos por el torso del muchacho y él respondió a esto acariciando la cadera de la joven, pero se detuvo.

-Recuerda que hay cámaras, será mejor que te cure esto y volvamos a la sala sino queremos que L se enfade más- comentó Light con la respiración entrecortada.

Leyre asintió y dejó que el chico desinfectase la herida en la que se comenzaban a ver pequeños cortes de lo que podría brotar sangre.

Tras esto salieron de la sala tomados de la mano y de camino a la sala de las cámaras, se cruzaron con Stella, que tenía un café en la mano y una sonrisa tonta en la cara.

-Estás muy contenta de haber llegado tarde, ¿eh?- bromeó Leyre al ver a su amiga tan feliz.

-Ya, es que había algo de tráfico- respondió Stella con una risa nerviosa.

Ambos chicos asintieron sin creerla del todo y los tres fueron de nuevo hacia donde estaba L. Nada más entrar, el detective y la policía se miraron y ella retiró la mirada con altanería. L la siguió con la mirada, hasta que se sentó lo más retirada posible del muchacho. Leyre y Light se dieron cuenta de la situación, pero prefirieron no preguntar al ver la ofuscada expresión del detective.

-Esta tarde iremos a ver la escena del crimen- anunció L- Estar en el terreno nos ayudará a hacernos una idea de con quién estamos tratando.

El equipo asintió y siguieron con su trabajo.

Al cabo de unas horas de silencio algo incómodo, Leyre y Light salieron a la calle para esperar el coche que los llevaría hasta la escena del crimen. Stella y L se quedaron terminando de guardar los informes en el ordenador. Stella estaba tan concentrada en los documentos, que no se percató del momento en el que el detective había aproximado su silla hacia ella. L con disimulo, posó su mano, sobre el muslo desnudo de la joven, sobresaltándola.

Stella le miró extrañada aunque su respiración comenzó a agitarse cuando el detective comenzó a mover los dedos sobre la cara interna de sus muslos. Una pregunta se dibujó en la mirada de la joven, pero cuando iba a formularla, la puerta se abrió, dando paso a Watari.

L, lejos de separarse, se pegó aún más a la chica y quedaron sentados muy juntos.

Las caricias del detective comenzaron a subir por el muslo, subiendo ligeramente hasta la falda de la chica, deteniéndose en su ropa interior. Stella contuvo la respiración y se tensó.

-Deberíais ir apagando los ordenadores, vamos a irnos ya- anunció el hombre trajeado con amabilidad.

Cuando la chica iba a apartarse con disimulo, L comenzó a acariciarla más intensamente, impidiendo que la policía moviese un ápice y apretase el puño con fuerza, ahogando un gemido.

-Gracias Watari, ahora mismo vamos- dijo con toda la tranquilidad del mundo.

Watari asintió sonriente y salió de la habitación sin percatarse absolutamente de nada.

Stella hizo acopio de sus fuerzas, y se levantó de su asiento, obligando al detective a retirar la mano. Sus mejillas denotaban un rubor intenso, y su pulso continuaba desbocado.

-¿Pero qué haces? ¡Eres un pervertido!- exclamó la chica con indignación.

L ni siquiera se inmutó ante sus reproches, simplemente se limitó a encogerse de hombros.

-Si yo no he hecho nada...- murmuró inocentemente- Te lo habrás imaginado.

Esta contestación, terminó de ofender a la chica. Que tras darse media vuelta, se detuvo por las palabras del detective.

-Dos a dos- dijo sin mirarla.

-Estúpido infantil...- murmuró Stella en un susurro casi inaudible y se retiró dando un portazo, causando una sonrisa triunfal en el detective.

Minutos después todos estaban en el interior de la limusina, llegando al apartamento donde tuvo lugar el asesinato.

Observaron la estancia con detenimiento, buscando la más mínima pista que se le hubiese podido saltar a la policía.

Leyre estaba mirando una estantería llena de libros de ciencias naturales, cuando uno de ellos le llamó la atención. Se trataba de un ejemplar muy antiguo de Romeo y Julieta. Las páginas eran amarillentas y desprendían un olor a antigüedad. Cuando la chica iba a colocarlo de nuevo en su sitio, un papel del interior del libro, cayó al suelo. Leyre se agachó a recogerlo. Se trataba de la mitad de un folio doblado. En él había escritos con tinta negra, numerosos símbolos ilegibles. Lo observó extrañada y se lo enseñó a los demás.

-Acabo de encontrar esto...- anunció sin poder acabar la frase. L se lo quitó de las manos y lo observó con detenimiento.

-¿Dónde lo has encontrado?- preguntó el detective sin apartar la vista del papel.

-En esa estantería- señaló la chica con el dedo- Dentro de un libro de Romeo y Julieta.

-Romeo y Julieta... Los enamorados... La siguiente carta- concluyó Stella con rapidez observando al detective, el cual le dirigió una efímera mirada.

-Exactamente- respondió L concentrado en el papel- Pero no conozco estos signos, parecen runas, aunque no estoy seguro.

-Deberíamos consultarlo en algún libro- sugirió Light.

-Me parece bien. Vosotros iréis a una librería esotérica a consultar el significado de los símbolos, y Stella y yo, analizaremos el papel con detenimiento, puede contener huellas y muchas pistas clave. Tenemos que andar con pies de plomo y nada de distracciones de parejitas, sino queréis que acabe mandadoós a Matsuda para vigilaros- avisó el detective a la pareja.

Stella iba a reprocharle el hecho de quedarse en el cuartel, pues prefería investigar, pero el detective le dirigió una mirada que indicaba que no había lugar para "peros". Tras esto, los policías salieron de la escena del crimen, y Light tomó a Leyre de la mano. Lo que no se fijaron, es en que tras un árbol situado en frente del edificio, un hombre observaba a la pareja con detenimiento. Leyre y Light hicieron una fotografía al papel y se dirigieron a una librería esotérica, mientras que L, y Stella a regañadientes, se dirigieron al cuartel con Watari.

En la librería esotérica, los dos policías se encontraban buscando libros entre las estanterías sobre simbología, y efectivamente, encontraron uno de runas celtas que se asemejaba increíblemente a los símbolos del papel.

-Creo que lo tengo- anunció Leyre triunfal. El castaño se acercó a comprobar que se trataba de los mismos signos. Ambos trataron de desencriptar el mensaje.

La primera runa era "Jera", que significaba un "cambio importante", la segunda era "Thurisaz", significaba "peligro o maldad en el entorno", la tercera, "Mannus", cuyo era significado era "soledad". La penúltima era "uruz", se trataba de un símbolo femenino que representaba "la ignorancia". La última runa era "dagaz", que significaba "la desesperación o el fin". Todas las runas estaban invertidas, de ahí el significado negativo. El mensaje podía interpretarse de muchas formas, pero Light y Leyre se decantaron por uno de ellos: el cambio importante se produciría en el modus operandi de los crímenes. La segunda runa simbolizaba el asesinato en sí, que se cometería en los próximos días. La tercera podía significar dos cosas, primero, que la víctima debía estar sola o que el lugar escogido, era un sitio apartado, tal vez solitario. La cuarta era la ignorancia, no sabían bien el significado, pero tal vez podría tratarse de que la víctima fuese una mujer despistada y la quinta y última concluía con la evidente muerte de las víctimas. Las deducciones de ambos eran algo abstractas y confusas, pero habían avanzado bastante. Por lo menos sabían algunos datos que antes desconocían.

Continuaron buscando más información, en diversos libros y enciclopedias.

Leyre estaba concentrada leyendo atentamente unos manuscritos sobre la simbología celta cuando Light se levantó en busca de más libros que pudiesen ayudarles.

Al volver junto con la chica, que seguía inmersa entre esas páginas, no pudo evitar fijar su atención en el hombro derecho de ella, descubierto con descuido, dejando ver parte de la suave piel de la joven.

El chico se acercó con sigilo, y tras situarse justo detrás de ella en silencio, acercó su rostro a la piel descubierta, haciendo que la joven diese un respingo al notar su aliento en la nuca.

Se le erizó la piel cuando él posó sus labios sobre ella, recorriendo lentamente su cuello, aspirando su aroma dulce como si de una apetitosa presa se tratase.

Rodeó la cintura de Leyre con los brazos e hizo que se diese la vuelta, quedando ambos enfrentados.

-¿No estábamos investigando?- intentó resistirse la policía con una sonrisa.

-Es culpa tuya por no ser precavida- contestó Light acercándose aún más a ella con una pícara sonrisa, llevando su mano al cuello de la camisa de Leyre y bajándola, dejando aún más al descubierto sus hombros.

El chico emitió un suspiro que ahogó y excitó a la chica, notando el deseo que provocaba en él.

Enseguida atacó la boca de la joven que llevó sus manos a la nuca del chico, acariciándole hasta llegar a sus cabellos, profundizando el beso.

Estos roces se volvían más agresivos y húmedos por segundos, enrojeciendo sus labios, llegando ambos a chocarse contra uno de los estantes de la librería y casi tirarla por completo.

Algunos libros cayeron al suelo haciendo un sonoro ruido seco.

El dueño de la tienda se acercó al escuchar el alboroto, y ambos se separaron con premura, disimulando, tomando cada uno un libro distinto y separándose, haciendo ver que sólo leían.

Cuando el hombre volvió a alejarse del pasillo en el que estaban, ambos comenzaron a reír de forma nerviosa y algo azorados.

-Tú quieres que nos echen- susurró Leyre en tono acusador aún con el pulso acelerado.

-Lo que quiero es que esta vez no hagas tanto ruido- dijo tapando la boca de la chica con una mano y acariciando su cintura con la otra, besando su cuello con deseo.

La chica disfrutaba de las caricias y besos melosos del joven, pero en un momento dado, esos besos dulces se tornaron más lascivos, lamiendo la piel, mordiendo con saña, como si eso pudiese calmar el hambre voraz del chico que llevaba aguantando largo tiempo.

La situación hacia que los movimientos de los chicos fuesen algo más rápidos y torpes de lo normal, ya que el temor a ser descubiertos aumentaba la excitación.

Leyre paseaba sus manos libremente por el torso del joven que seguía con los voraces besos, que repartía tanto por sus labios, cuello y pecho.

Ambos se concentraban en no hacer demasiado ruido, ni con los libros ni con sus agitadas respiraciones, pero esa era una tarea verdaderamente difícil con los pequeños lamidos y mordiscos que Light colocaba en el indefenso cuerpo de la joven.

Con cuidado, el chico desabrochó lo suficiente la camisa de Leyre para poder pasar las manos por su sujetador, y también desabrocharlo.

La policía sentía como con cada caricia del castaño su mente se nublaba más y más, dedicando todo su entendimiento a registrar cada rastro de placer que le provocaban esos roces.

No existía ya separación entre sus cuerpos, juntando con desesperación cada músculo, apartando de su camino la ropa que refrenaba el contacto.

Leyre tomó el mentón de Light, echando su rostro hacia un lado y besando la parte alta de su cuello, terminando por morder y dejando una rojiza marca en la piel que hizo que el chico cerrase los ojos emitiera un tímido "agh" disfrutando de esa marca.

Las caricias de Light, que habían comenzando en los muslos de la policía, ya habían subido a la ropa interior de ésta, introduciendo sus dedos con precisión, provocando algunos roces que excitaron aún más a la joven.

La tensión de ambos cuerpos era máxima, ninguno de los dos estaba dispuesto a parar ya, y aún con parte de la ropa puesta, Light alzó la pierna de la chica situándola en su cadera y con un ágil movimiento pudieron comenzar las aceleradas embestidas.

El esfuerzo por mantenerse en completo silencio era casi sobrehumano, y el joven sólo podía besar a Leyre para acallar sus propios gemidos.

Light agarraba con fuerza las nalgas de la chica buscando unos movimientos mas rápidos y profundos, haciendo que ésta se agarrase a su cuello, con el corazón intentando escapar de su pecho.

El chico aceleraba cada vez más las embestidas, buscando un mayor placer, y sin poder contenerse, hizo que la chica le diese la espalda, y rodeándola con sus brazos la puso de cara a las estanterías, y rodeó la cintura de Leyre con sus brazos.

Light gimió en el oído de la chica y mordió el lóbulo de su oreja con lujuria y deseo, bajando descaradamente la mano hasta la entrepierna de la chica, tapando su boca, acallando los gemidos de la joven, comenzando de nuevo con una mayor y más rápida penetración que parecía estar acabando con la vida de ambos.

Leyre se tuvo que sostener agarrándose a los estantes de libros, sintiendo los latigazos de placer recorrer todo su ser.

Los gemidos ahogados se agolpaban en la boca de ambos chicos, que comenzaron a sudar del esfuerzo de impedir todo sonido.

Leyre se agarraba con fuerza a la madera y Light la empotraba con fuerza entrando completamente en ella, acariciando los pechos y muslos de la joven, moviendo la cadera de la chica a su gusto.

Los temblores provocados por el placer hicieron que el chico se descuidase, y en un arrebato de pasión emitiese un ronco gemido mientras la embestía con saña.

No pudo aguantar mucho más y terminó las embestidas en una última más intensa y lenta que las demás, dejado a la chica sin respiración.

Escucharon de nuevo los pasos del encargado de la tienda aproximarse, por lo que se separaron y colocaron la ropa como pudieron, viéndose descubiertos, pero tuvieron mucha suerte ya que de pronto alguien entró en la tienda, formulándole una pregunta al vendedor, que dejó de aproximarse hacia ellos.

Respiraron con tranquilidad al estar salvados de esa incómoda situación, y mirándose con complicidad se dieron un último beso.

Tras acomodarse la ropa del todo, ambos jóvenes decidieron volver irse a casa a pesar de las ganas que tenían de contarle a sus compañeros lo que habían descubierto. De lo que no se percataron, es de que alguien, tras varias pilas de libros amontonados, había observado toda la escena. Mirándoles con la misma expresión calculadora con la que les había vigilado tras los matorrales antes.

Mientras en el cuartel, L y Stella trabajaban en descubrir todo lo posible sobre la nota original. La tensión era palpable entre ellos, se podía cortar con un cuchillo. Cuando el detective le hablaba a la chica, ésta le respondía con monosílabos, si es que respondía. Mantenían una distancia prudencial el uno del otro, evitando todo contacto visual.

L estaba con los ojos a punto de cerrarse, una expresión cansada se apoderaba de su rostro, sus hombros estaban hundidos y sus ojeras más marcadas de lo habitual, pareciese que no había descansado en varios días. Aunque la chica no quería perder el juego que habían iniciado, decidió tragarse su orgullo y preguntar.

-¿Cuántos días llevas sin dormir nada?- la pregunta de Stella intentó sonar despreocupada aunque en realidad estaba muy preocupada por el detective.

-¿Es que te importa?- contestó L evadiendo la pregunta de Stella.

-No es que me importe, pero tampoco me hace especial ilusión que te dé un infarto- respondió ella sin mirarle.

-Llevo más o menos una semana...- contestó llevándose el pulgar a los labios con tranquilidad.

La cara de Stella era un verdadero poema. Le miró incrédula, con los ojos como platos.

-¿Y se puede saber qué estás haciendo aquí? ¡Vete a dormir ahora mismo!- ordenó Stella sin poder evitar un deje de preocupación en su voz.

-Tienes razón... Tal vez necesite descansar- corroboró L mirándola de reojo y levantándose lentamente, con un torpe movimiento, casi llegando a caerse de bruces. Estaba realmente agotado.

Stella le sujetó antes de que cayese, pero se apartó con rapidez pensando que tal vez fuese un truco para ganar el juego, aunque la mirada cansada del detective, demostraba que realmente estaba abatido.

El chico se retiró a su habitación mientras Stella se quedaba guardando los informes. De repente se percató de un detalle que habían pasado por alto. Cuando puso dicha hoja de papel a contraluz, se observaban unas marcas como si alguien se hubiese dedicado a escribir encima y borrarlo. Se trataba de un emblema con un león rugiendo. La chica hizo un boceto y lo escaneó, buscando en internet de qué podría tratarse, dando lugar a un primer resultado, que era un bar de carretera a las afueras de la ciudad. No podía tratarse de una coincidencia, eran exactamente iguales. Enseguida cogió el papel y subió las escaleras que llevaban a las habitaciones en busca de L. Abrió una puerta sin llamar por la prisa y la euforia y entró en la estancia, encontrándose en ella, con el detective dispuesto a quitarse por completo la camisa, faltándole la manga y el cuello.

Stella enrojeció al instante, tardando varios segundos en reaccionar.

-P... Perdona...- tartamudeó- Sólo quería mostrarte algo que había descubierto, pero tal vez sea mejor...- se quedó callada viendo como el chico se quitaba del todo la camisa. Los dos se quedaron mirándose.

-No me mires así, que me voy a poner rojo- bromeó el detective con una sonrisa burlona, haciendo que la chica enrojeciese aún más, y se diese la vuelta con la intención de irse, pero L se lo impidió cogiéndola de la mano y atrayéndola hacia él, quedando cara a cara y capturando sus labios en un beso voraz y hambriento.

Stella se quedó sorprendida por el rápido movimiento del detective, lo que este aprovechó para pasear su lengua por la boca de la chica, dejándola sin aliento, rozando sus labios, humedeciéndolos.

Ella puso sus manos en el torso del joven, acariciando la suave piel que había dejado al descubierto.

L intensificó el beso llevando sus manos a la cintura de la chica acercándola aún más, intentando que ganase altura y perdiese la escasa distancia que aún les separaba.

La chica sabía que todo esto lo hacía por ganar ese estúpido reto iniciado días atrás en el que ninguno de los dos iba a ceder.

Stella hizo acopio de todas sus fuerzas, que disminuían con cada sugerente caricia del detective, e intentó apartarse.

Rompió el beso y dio un paso hacia atrás, creando de nuevo la distancia antes perdida entre ambos.

El orgullo que tenían era abrumador, como el de dos críos dispuestos a todo antes de admitir una derrota.

L dio un paso al frente, acercándose a ella, negándole la escapatoria que ella buscaba.

Stella volvió a retroceder.

Pero de lo que no se había dado cuenta la chica es que en cada paso que daba se acercaba aún más a la cama del detective, que la miraba con fijeza.

Cuando ella chocó con el borde del colchón y se percató de la situación ya era demasiado tarde, L estaba frente a ella, con una mirada atenta, como un depredador que intenta adivinar el próximo movimiento de su objetivo, al borde del precipicio.

Stella había cometido demasiados errores en esa jugada y ahora se encontraba atrapada, en jaque.

Estaba arrinconada, en su frente L y tras ella el colchón.

Ella intentó salir por la tangente y escapar pasando por el lado del chico, era su última carta que obviamente no funcionó.

-¿Dónde crees que vas?-La cogió de nuevo del brazo.

-Suéltame.-Exigió enseguida sin que esta orden hiciese mella en el agarre del joven.

Es más, parecía disfrutar con su expresión frustrada.

Stella deseaba salir de esa situación, y para colmo casi no podía apartar la vista del imponente cuerpo del detective, recordando la calidad y suavidad de esos músculos que ya había comprobado en los baños de aquel pub.

Deseaba volver a disfrutar de ese tacto como si de una droga se tratase, L lo sabía, y estaba dispuesto a hacer que la joven lo admitiese, aunque fuese a la fuerza.

El chico dio un brusco tirón del brazo de Stella, haciendo que ésta cayese sobre el colchón.

Él se situó sobre ella, rodeándola con sus piernas, limitando en gran parte los movimientos de la policía.

Agarró las muñecas de la chica, estirando sus brazos hasta dejarlos por encima de su cabeza, y aproximó su rostro al de ella.

-Eres una cabezota- su voz sonó sensual, susurrante, más de lo que la chica podía soportar.

Estaba perdiendo, llevaba perdiendo desde que entró en esa maldita habitación.

-No bromees conmigo- intentó sonar arisca, sin que le temblase la voz. Torpe intento.

-En broma te digo que me quieras- el cálido aliento de L acariciaba el cuello de la chica ya que hablaba prácticamente pegado a su oído.

Stella podía sentir perfectamente como su piel se derretía al contacto con el detective.

Se concentraba en idear una forma de salir de ahí cuando notó un contacto húmedo en su cuello, que subía de la yugular a la mandíbula.

La policía apretó los puños y cerró los ojos con fuerza.

Enseguida L notó su tensión y subió sus labios hasta besar los de ella con lentitud, disfrutando cada pequeño roce.

El joven, con los labios apretando los de la joven, agarró con una sola mano las dos muñecas de la chica, que pensó que tal vez esta sería su oportunidad para soltarse.

Nada más lejos de la realidad. Aún con una sola mano era capaz de ejercer una fuerza increíble sobre sus muñecas.

Con la mano libre L bajó a su zona favorita, los muslos de la joven, esa parte suave y sensible cuyo simple roce lograba excitarle.

El detective se acomodó entre las piernas de la chica y paseó sus manos con libertad por estas, sin dejarse ni un centímetro de piel por explorar.

Cuando llegaba a la parte más próxima a la lencería de la joven, ésta tuvo que apretar los dientes y arquearse para no gemir.

Aún así necesitaba grandes bocanadas de aire debido a la excitación, lo que el detective aprovechaba para intensificar el roce de sus dedos y hacer que ella se arquease aún más.

La respiración de L se aceleraba como si las caricias fuesen hacia él.

Todas las esperanzas de Stella por ganar ese juego habían desaparecido ya, llevaba largo rato disfrutando de ese contacto y L lo sabía.

Por fin, tras haber pasado la mano ya por debajo de la ropa interior de la joven, ella no pudo resistir el placer y emitió un gemido corto que enseguida acalló con esfuerzo, casi de forma dolorosa, pero que había dado la señal de la victoria a L.

El chico soltó el agarre de la joven y dejó libres sus muñecas, incorporándose y apartándose de ella, quedando sentado en el borde de la cama.

Ella hizo lo mismo, pero en vez de quedar sentada en el borde tan solo se quedó en el mismo sitio, sin mirar al detective que la observaba atentamente.

-Ale, has ganado. Espero que estés satisfecho- bufó Stella con resentimiento.

-No, no lo estoy- respondió L en un susurro.

-¿Cómo?- preguntó de nuevo la chica girándose para verle, aunque le había escuchado perfectamente.

-Que no estoy satisfecho- y tras decir esto se puso frente a la joven, avanzando hacia ella a cuatro patas, como si de un felino agazapado se tratase.

Ella dejó que se situase frente a su rostro, sosteniéndole la mirada con decisión.

-Hace bastante que esto dejó de ser un simple juego, Stella- la voz del detective la dejó sin aliento.

Entonces la empujó con su propio cuerpo, tumbándola de nuevo.

Ese golpe hizo que todo su cuerpo rozase con el de la chica, demasiado sugerente, por lo que L jadeó sin aliento.

La chica se dio cuenta de la evidente excitación de él y aprovechó para cobrarse una ligera venganza.

Llevó una de sus manos hasta el vientre del chico, bajando hasta más allá del ombligo y pasando sus manos por debajo de sus pantalones.

El chico situado sobre ella se tensó de inmediato y abrió la boca tomando aire.

Un calambre placentero surcó el vientre del detective, pero antes de que siguiesen las provocadoras caricias, Stella sacó la mano de sus pantalones y le dio un beso cargado de ironía, dejando desplomado a L.

Naturalmente eso no se iba a quedar así, por lo que el detective agarró una de las piernas de las chicas haciendo que rodease su cadera, realizando movimientos llenos de tentador placer.

Stella apartó el rostro mordiéndose el labio inferior, pero L tomó con una mano su rostro, besando sus labios con pasión.

Con la otra mano se encargó de retirar la camisa y pantalones de la chica.

Ella llevó sus manos al botón de los vaqueros del chico bajándolos con prisa, ambos moviéndose con desesperación, sin aguantar ni un segundo más las descaradas provocaciones del otro.

La ropa cayó precipitadamente al suelo, y las embestidas comenzaron sin contemplaciones.

Atrás había quedado ya la delicadeza. Las caricias y tramposos juegos a los que había jugado Stella los anteriores días habían creado un deseo y a la vez un odio en el detective que debía aplacarse.

El chico pensó varias veces en frenar ese ritmo frenético, ya que con la falta de sueño su corazón debía hacer un gigantesco esfuerzo en cada latido. Pero esa era una decisión difícil de tomar cuando la joven policía no hacía más que gemir y gritar de puro placer debajo de él.

Las fuertes embestidas hacían que Stella solo pudiese abrazar el cuerpo de L, sin poder evitar clavar las uñas en su piel cuando el movimiento era demasiado profundo y por tanto placenteras.

L comenzó a fatigarse demasiado, perlas de sudor empezaban a resbalar por su frente. Pero aún así el ritmo no bajaba y los gemidos de ambos seguían saliendo sin control.

La policía le rodeaba con las piernas buscando aún más contacto, algo prácticamente imposible.

Pese al terrible cansancio L, no estaba dispuesto a renunciar a ese disfrute, ni a privar a la chica de esos movimientos feroces, casi violentos.

Con cada gemido de uno, el otro mordía, arañaba o intensificaba el contacto con el otro.

La fatiga estaba destrozando al detective que comenzaba a sentir dolor en sus músculos por encima del placer de las embestidas.

Stella se percató de la situación en la que se encontraba L y le obligó a bajar el ritmo de sus movimientos, dandole varios besos cortos por la mejilla y los labios.

-Relájate un poco, que te vas a matar.-Dijo la chica amainando las embestidas, haciéndolas mucho más lentas.

L obedeció y el desenfreno de antes de tornó más tranquilo y delicado.

Las oleadas de placer llegaban con más lentitud pero igualmente intensas.

El detective besaba con ternura a la chica, pasando sus manos por las caderas y pechos de ella, disfrutando cada ligera caricia que ella le regalaba.

La tensión de los cuerpos de ambos fue desapareciendo, quedando completamente relajados, pudiendo así disfrutar por completo el uno del

otro, hasta que los calambres de placer se hicieron más rápidos e intensos, más duraderos y placenteros.

Ambos terminaron a la vez sin subir demasiado de nuevo el ritmo ya que se notaba perfectamente como L necesitaba un largo descanso.

Se tumbó boca arriba junto a la joven, respirando con gran dificultad y tragando saliva, tratando de humedecer su ahora seca garganta por los gemidos.

Ambos se quedaron en silencio, sin saber muy bien qué decir, pero L rodeó a la chica con sus brazos, dandole un pequeño y cariñoso beso en la mejilla.

Puede que ahora estuviese abatido, pero estaba claro que dormiría mejor que nunca. Ambos jóvenes se quedaron completamente dormidos.

Al día siguiente, Leyre y Light llegaron al cuartel y vieron a Stella con una expresión adormecida, como si se acabase de levantar.

-¿Qué pasa? ¿Has dormido aquí?- preguntó Leyre con curiosidad.

-Es que... Nos quedamos investigando hasta muy tarde...- se excusó Stella mirando de reojo a su amiga, que comprendió al instante lo que había ocurrido, la cual no hizo ningún comentario salvo asentir con una sonrisa. En ese momento, L bajó las escaleras colocándose el cuello de la camisa, pero se quedó parado antes de terminar de bajarlas mirando a los tres jóvenes.

-Buenos días...- saludó con su mismo tono de siempre.

-Buenos días L- respondieron Light y Leyre.

Stella sin embargo no contestó, se limitó a mirar a otro lado con un evidente rubor en su cara.

Los cuatro fueron a la sala de cámaras y contaron los avances que habían hecho cada uno, dejando a L impresionado por lo eficientes que eran sus agentes.

-Bien, tras esto podemos concluir que el asesino debe de ser algún tipo de adivino y su siguiente víctima será una pareja. Yo también he llegado a la conclusión de que su modus operandi va a cambiar, y por el emblema que encontró Stella en la nota original, seguramente se tratará de un lugar cercano a ese bar- dedujo L con su pulgar en los labios- Estamos muy cerca- anunció triunfal.

-Sólo nos faltaría saber cuándo va a cometer el siguiente crimen- dijo Light pensativo.

-Estoy segura de que en la casa habrá más pistas- aseguró Leyre.

-Puede, pero no podemos volver. Este caso está en manos de la policía y lo estamos investigando por nuestra cuenta. Bastante que nos dejaron ir a la escena del crimen una vez. No nos dejarán ir dos- explicó L con simpleza.

Tras esto, cada uno ocupó su puesto habitual. Volviendo a revisar todas las pruebas que tenían e intentando buscar más indicios del próximo asesinato. Leyre y Stella revisaron las fechas de los anteriores asesinatos, intentando buscar un símil entre ellas, pero aparentemente no había nada. Las fechas parecían escogidas completamente al azar. Light y L por su parte no tuvieron mucha mejor suerte, ya que tras revisar todos los datos, llegaron a la misma conclusión.

En la sala de informes, Leyre le contaba a Stella en voz baja, intentando no ser escuchadas por las cámaras, lo ocurrido en la librería la tarde anterior con Light.

-Ya ves, así sin esperarlo, acabamos...- dijo Leyre con una pícara sonrisa y algo de rubor en las mejillas.

Stella rió recordando lo sucedido la noche anterior entre ell narrándosela a la chica, que escuchaba con atención.

Mientras que en la sala de cámaras, los dos jóvenes estaban más atentos a las pantallas que a los informes.

-¿Tú oyes lo que dicen?- preguntó Light con curiosidad.

-Calla, calla que creo que oigo algo- respondió L subiendo el volumen al máximo.

En ese momento empezaron a escuchar la conversación. L miró a Light atentamente e hizo un comentario.

-Menos mal que las chicas decían que eras gay...- dijo L con el dedo en el labio.

-Y menos mal que decían que tú eras rarito- contestó Light con una sonrisa.

-Obviamente Light, he ganado yo... - afirmó L de forma triunfal.

-¿De qué hablas?- preguntó Light confuso.

-¿Es que no las oyes? Es obvio que yo lo hago mejor que tú- rebatió L burlonamente.

-¡Venga ya L! Lo mío tiene más mérito... Fue en una librería- respondió Light ofendido.

-¿Más mérito por qué Yagami? Si no quieres admitir la derrota, no te inventes cosas...- dijo L observando al chico atentamente.

-¿Derrota? En estos temas no puedes ni igualarme- aseguró Light con una sonrisa triunfal sin ni siquiera mirarle.

-Soy mejor que tú... Asúmelo- rebatió L con altanería.

-¿A sí? Si tan seguro estás... ¿Apostamos algo?- preguntó Light viéndose vencedor.

-El que más impresione a las chicas, ganará un punto. Dentro de un mes veremos quién tiene mayor puntuación- explicó L las normas de la apuesta.

-¿Y cómo sabremos quién las ha impresionado más?- preguntó Light con interés.

-Cuando las chicas charlen sobre ello veremos quién lo ha hecho mejor...- contestó L llevándose el pulgar a los labios- Si gano yo, admitirás que soy mejor que tú en todo- propuso L.

-Vale, y si gano yo... Dejarás de llamarme Kira, para siempre- contestó Light.

L se lo pensó pero finalmente aceptó.

-De acuerdo... Trato hecho- dicho esto ambos jóvenes se dieron la mano dando la apuesta por empezada.

Al rato, tocaba cambio de turno, por lo que Stella pasaría a la sala de cámaras, y Light a la sala de informes.

En el cambio de turno, Light se dirigió a la cocina a por un vaso de agua, sin embargo, Leyre fue hacia el baño, dirigiéndose minutos más tarde hacia la sala de informes, por el camino, Light la esperaba apoyado junto a la puerta de una habitación. La chica iba concentrada leyendo un informe y no se percató de la presencia del castaño, que al ver que iba a pasar de largo, la cogió de la mano y la metió dentro de la pequeña estancia donde se guardaban varios utensilios y productos de limpieza.

Light empotró a la chica contra una pared lisa, quedando ambos prácticamente pegados.

Los labios del castaño recorrían con gula y ferocidad la boca de la joven.

El chico mordió el labio inferior de ella, llevando el beso hacia la mejilla y volviendo a bajar hasta la boca.

El ansia de ambos era palpable. Los deseos de los jóvenes se entrecruzaban, realizando caricias en sitios comprometidos y jadeando con cada movimiento que pegaba aún más sus caderas.

Light desabotonó la camisa de Leyre, dejando paso libre para sus manos que capturaron sus pechos con ansia, apretándolos y besándolos.

La policía echó la cabeza hacia atrás, disfrutando de esos lascivos roces.

Light bajó sus besos hasta casi el ombligo, dejando un rastro de saliva sobre su piel. Llegó a los pantalones de la joven, lamiendo la piel haciendo que Leyre acariciase los cabellos del joven, agachado frente a ella.

Bajó el pantalón de la joven y siguiendo con los besos retiró también la lencería de Leyre.

Los besos se introdujeron por los muslos de la chica, que no podía dejar de suspirar entrecortadamente, Acariciando la cabeza de Light, dejando que pasease a sus anchas los labios por esa zona.

Los quejidos se tornaron gemidos en seguida, casi gritos, cuando lamía ciertas zonas más sensibles.

Pero en ese momento, desde la sala de cámaras, alguien encendió los altavoces y habló.

-Siento comunicaros "parejita" que estamos en horario laboral y no se permiten este tipo de arrumacos. Por favor, salgan de la sala y mantengan la compostura- dijo la voz de L desde las cámaras.

Light se separó inmediatamente de la policía y se levantó. La chica se colocó la ropa rápidamente y de forma ordenada, salieron de la habitación.

Mientras en la sala de cámaras, L apagaba el micrófono con una sonrisa triunfal.

-¿Cómo te puede gustar tanto molestar a Light?- preguntó Stella observándole con detenimiento.

-¿Molestar?- respondió L como si la cosa no fuese con él- Sólo hago cumplir las normas. Por mucho menos, ya hubiese echado a cualquiera del cuartel- explicó el detective.

-¿Por qué? ¿Por besarse? Porque te recuerdo que tu y yo nos hemos acostado- aclaró Stella recordándole al chico lo ocurrido.

-Ya, pero yo soy el jefe. Yo puedo saltarme las normas- dijo con una sonrisa.

-Deberías dejar a la parejita en paz- sugirió Stella observando las cámaras.

L la miró divagando.

-¿Qué fue para ti lo de anoche y lo de Argüelles?- preguntó el chico de forma directa mirando a Stella con fijeza.

Stella se giró sorprendida y le sostuvo la mirada.

-Ya que eres tan buen detective... Podrías contestar tú a esa pregunta. ¿Qué crees que fue para mí?- preguntó ahora Stella continuando con la mirada fija.

L se llevó el dedo pulgar a los labios y miró hacia el techo pensando en qué contestar.

-Teniendo en cuenta que te quedaste conmigo en Argüelles, que me ayudaste cuando me encontraba mal, que no apartaste cuando te besé, que disfrutabas cuando te acariciaba y que después de todos estos tontos juegos, aún quisiste acostarte conmigo anoche, pienso que deberíamos tener una relación, pero debido que soy una de las personas más buscadas del mundo y que a innumerables criminales les encantaría hacerme daño a mí o a cualquiera de mi entorno, deberíamos tener una relación secreta- concluyó mirando a la chica de nuevo.

Stella entornó los ojos y asintió.

-Puede que tengas razón...- murmuró- Estar juntos de forma pública sería algo peligroso- susurró apenada.

-Cualquiera podría hacerte daño, y es lo último que quiero- dijo el detective con un tono dulce- Además, eso lo hace más interesante, ¿no crees?- preguntó acercándose a Stella y robándole un beso fugaz.

De pronto las puertas de la sala se abrieron, dando paso a Light y a Leyre. La chica estaba sonrojada y no era capaz de mirar al detective y a su amiga, y Light miraba al detective visiblemente enfadado y con rencor.

Stella viendo la incómoda situación, se levantó apresurada.

-Leyre, ¿me acompañas a por un café?- preguntó la chica salvando a su amiga del apuro.

Leyre asintió y ambas chicas salieron de la sala de cámaras dejando a L con un enfurecido Light.

-¿¡Cómo has podido hacer eso!?- gritó Light enfadado- ¡Eres un tramposo!- bufó Light entre dientes.

-¿Yo? ¿Tramposo? No te equivoques, en el trabajo, nada de propasarse- sentenció L con seguridad.

Light resopló con fuerza.

-Hagas lo que hagas, voy a ganar esta apuesta. Da igual cuantas trampas uses- aseguró Light.

-Con esa actitud tan infantil... Aumentas tus probabilidades de ser Kira en un 48%. Light Yagami... Te estás inculpando tú solo- dijo L con toda la tranquilidad del mundo.

Light se mordió la lengua por no gritarle cuatro improperios bien dichos y se retiró de la sala dejando al detective solo con una sonrisa triunfal. Había ganado esta batalla, pero no la guerra.

Light volvió a la sala de informes y se cruzó por el pasillo con Stella que volvía hacia la sala de cámaras.

-Ten cuidado con él. No es de fiar...- aseguró el castaño señalando hacia la puerta. Stella no entendió nada, pero supuso que se trataba del rencor que guardaba Light por la interrupción de L.

En la sala de informes, los dos policías intentaban encontrar la escurridiza pista que les llevase al siguiente asesinato. Revisaban una y otra vez los anteriores casos, observando con detenimiento cada foto y muestra de las escenas del crimen. Seguían sin encontrar ningún hilo que les condujese a la respuesta, cuando Leyre suspiró cansada.

-Así no vamos a descubrir nada... Esto es agotador- murmuró abatida.

-Tienes razón, pero no podemos hacer otra cosa. Sólo contamos con estas pruebas- dijo Light señalando los informes.

-Claro que podemos hacer algo- susurró la chica para que L no escuchase su conversación- Si consiguiésemos volver al apartamento, estoy segura de que encontraríamos algo- dijo la chica ilusionada.

-Pero... ¿No has oído a L?- le recordó el chico- No podemos volver- sentenció.

-Pero si queremos resolver este caso sin que haya más muertes, sólo nos queda esa opción- rebatió Leyre.

Light se quedó pensativo barajando la proposición que le hacía Leyre.

-¿Me estás proponiendo que salgamos de aquí a escondidas de L?- preguntó Light con incredulidad ante las palabras de su novia.

Leyre asintió ligeramente para que las cámaras casi no lo percibiesen. Estaban de espaldas a ellas y hablaban en susurros casi inaudibles. Light pareció pensárselo sopesando esa arriesgada idea.

-¿Alguna idea de cómo salir de aquí?- preguntó la chica.

Light siguió pensativo hasta que dio con la solución.

-Lo que necesitamos es que L nos deje salir de aquí. Salir sin su permiso sería una misión casi imposible, por lo tanto, necesitamos su aprobación y la única forma de conseguirla, es haciendo que necesite desesperadamente que salgamos. Watari no está, así que si le faltase algo, sólo nosotros podríamos salir a comprarlo. Ahora sólo hay que averiguar qué es ese algo- expuso Light pensativo.

La chica meditó las conclusiones a las que había llegado su novio.

-La única cosa que conozco sin la que L no puede vivir... Es el azúcar- concluyó la joven- Pero hay dos sacos en la cocina... ¿Cómo podemos deshacernos de tanto azúcar?- preguntó desesperada.

-Creo que lo tengo. Es algo difícil de explicar, déjame un folio- dijo el chico comenzando a realizar un esquema.

-Primero yo iré a la cocina y tomaré dos tazas grandes vacías. Haré que las lleno de café y leche, pero realmente estarán casi por completo llenas de azúcar. Las cámaras no serán capaces de captar ese detalle. Yo volveré hacia aquí, y simularemos tomar un café. Cuando haya pasado una hora, pondremos las tazas muy cerca de nosotros para que las cámaras no las vean. Tú irás al baño, y llevarás el azúcar en el bolso, vaciándolo allí, donde no hay cámaras. Mientras estás en el baño, yo iré a la cocina con las tazas vacías y simularé que preparo otro café, realizando el mismo proceso anterior.

Cuando yo esté volviendo hacia aquí nuevamente, tú saldrás del baño y entraré yo para vaciar el contenido y darte dos tazas vacías que dejarás en la sala y con eso nos habremos librado de los dos sacos de azúcar. Con suerte, no se dará cuenta.

La chica asintió comprendiendo y aceptando el plan.

Al poco rato, el plan se puso en marcha, saliendo a pedir de boca.

En la sala de cámaras, L y Stella miraban con atención las pantallas.

-¿No están haciendo cosas un poco raras?- preguntó Stella observando detenidamente los movimientos de sus amigos.

-¿Qué pasa?- contestó mirando a las cámaras con su habitual pulgar en la boca.

-Bueno... La última vez que Light entró al baño llevaba dos tazas en la mano, pero cuando se cruzó con Leyre y se las dio, las tazas eran distintas- explicó la chica rebobinando la imagen.

Era algo difícil de apreciar, pero en cuanto L se acercó a la pantalla, lo vio perfectamente.

-Tienes razón... Esto es muy sospechoso, ¿por qué iba Light a intercambiar las tazas en mitad del pasillo?- preguntó mordiéndose el labio.

-Es algo raro sí- susurró la chica- Bueno, será una tontería.

-No, no lo es...- contestó L seriamente entornando los ojos.

Por otra parte, tras un rato, llegó la hora en la que L debía tomar su café.

Stella se levantó yendo hacia la cocina para preparar el café, pero se percató de que el azúcar se había terminado. La chica volvió junto a L para explicarle lo sucedido, y ambos fueron a hablar con la pareja, que habían sido los últimos en tomar café.

-¿Por qué no habéis avisado de que no quedaba azúcar?- preguntó Stella mirándoles con suspicacia.

-No sabíamos que se había acabado. Sólo terminamos uno de los sacos. Creíamos que había otro más- explicó Leyre tratando de que se creyesen la excusa.

-Es que había otro- respondió L mirándoles acusadoramente.

-Pues en la cocina sólo quedaba ese. Si tanto necesitas el azúcar, podemos ir a comprarlo- se ofreció Light aparentando indiferencia.

-No gracias... Puedo pasar sin él. Mandaré mañana a Watari a por más azúcar- contestó dándose la vuelta y dirigiéndose a las cámaras.

Los chicos intentaron no sorprenderse demasiado, pero no cabían en su asombro, lo último que esperaban era esa reacción del detective - amante del azúcar. Stella siguió a L sin decir una palabra.

-L, ¿estás seguro de que no quieres que vaya a por azúcar?- preguntó Stella indecisa.

-Seguro. Esos dos están planeando algo y no pienso dejar que se salgan con la suya- sentenció caminando sin mirar a la chica. El detective se imaginaba perfectamente lo que Light y Leyre planeaban- Prepárame un café- pidió el detective.

-¿Sin azúcar?- preguntó Stella incrédula.

-Sin azúcar- contestó con seriedad como si se tratase de un reto.

La joven fue a la cocina a preparar el café de su novio, y volvió a los pocos minutos, rezando porque al chico no le diese asco lo amargo que estaba.

-Quema un poco... Ten cuidado- advirtió Stella.

-Eso no es lo que más me preocupa- respondió L observando el café como si de una bomba de relojería se tratase.

El chico dio un sorbo al café. Su cara se tornó verde y escupió el contenido.

-Me lo tomaré luego...- murmuró apartando la taza.

Pasó el rato y el detective parecía tranquilo, pero pronto empezó a golpear la mesa con su dedo índice, rápidamente, un tic que Stella no podía aguantar.

-¿Puedes parar?- preguntó Stella cortante.

-¿El qué? No estoy haciendo nada- contestó L como si no supiese de lo que hablaba. Entonces la chica señaló su mano y el detective, paró.

En pocos instantes comenzó a golpear el suelo con el pie, molestando de nuevo a la chica, que le miró con frustración.

-Esto me pasa por no tomar café. Es casi como tener el mono- se excusó intentando parar.

-Intenta tomártelo- pidió Stella con amabilidad.

El detective la obedeció tomándose el amargo café de un trago, sin respirar. Su cara se tornó pálida. Su expresión normalmente indiferente, adoptó una mueca de asco. Respiró profundamente, intentando parecer sereno y apretando los labios con fuerza. Cayó redondo al suelo.

Stella le levantó pasando el brazo del detective por su hombro, y lo llevó hasta la sala de los informes. Al detective le costaba caminar y se le doblaban las rodillas. Cuando entraron a la sala, L tenía la cabeza gacha, tapando su rostro con su propio pelo, y Stella tenía que agarrarle de la camisa para que no cayese al suelo.

-¿¡Pero qué le has hecho!?- exclamó Light preocupado.

-¿Yo? Sólo le he dado un café y de pronto se ha puesto así- respondió Stella asustada.

-¿¡Pero cómo se te ocurre darle un café sin azúcar!?- dijo Leyre alarmada.

-¡Él me lo pidió!- exclamó tumbando a L en el suelo y boca arriba. Stella se agachó y acercó su mejilla a la nariz y boca del detective.

-Aún respira- aseguró Stella aliviada.

-Hombre, no se va a morir- contestó Light.

-No viste su cara cuando se lo tomó- dijo Stella- Pensaba que le estaba dando un infarto.

Entre todos cogieron al detective y le llevaron a su habitación, tumbándole en la cama.

-Necesito agua y toallas- pidió Stella.

La chica humedeció una toalla con agua fría y la colocó en su frente. Mojó su mano con el agua y la pasó por la nuca del detective, haciéndole reaccionar.

-Parece que ya está mejor. Id a por azúcar y le preparamos otro café- ordenó Stella.

Light y Leyre asintieron y viendo el cielo abierto para llevar su plan, se fueron. Tomaron un taxi y pronto llegaron a la escena del crimen. Se saltaron el cordón policial y con un imperdible, abrieron la puerta del apartamento. Una vez dentro, empezaron a buscar pistas que concretaron el asesinato, esperando tener la misma suerte que tuvieron la primera vez. Miraron en las estanterías, en los muebles... En todos los rincones, y no hallaron nada nuevo. Leyre se dirigió al baño buscando más pistas, dejando a Light en el salón. La chica comenzó a observar el lugar y se percató de que sobresalía una pequeña esquina de un papel entre el hueco que quedaba entre el lavabo y la pared. Podría ser cualquier cosa, pero la chica decidió mirar. Con sumo cuidado, sacó el papel y efectivamente, había algo escrito en él. Números romanos. Concretamente, parecía una fecha. La chica abrió la boca impresionada a punto de llamar a Light, pero alguien se la tapó con un pañuelo empapado en cloroformo. Tras un leve forcejeo, la chica cayó dormida.

Light en el salón, se percató de que de pronto se había hecho un silencio sepulcral, y el inteligente joven, entornó los ojos extrañado, como si supiese lo que estaba pasando. Se llevó la mano a su reloj, rozando el botón que realizaba una llamada de ayuda directa al cuartel. El mismo reloj que tenían todos los agente del "caso Kira". Se acercó con paso sigiloso al baño y entró, viendo que estaba vacío. Cuando se disponía a llamar a Leyre, alguien le agarró por la espalda fuertemente y llevó un mismo pañuelo a su nariz. El forcejeo fue más intenso, dando tiempo a Light a pulsar el botón del reloj. Finalmente cayó dormido al igual que la policía.

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Re: Fanfic "Subordinados" Death Note & OC'S

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