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A Laura le duele vivir

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A Laura le duele vivir

Mensaje por Invitado el Dom Feb 22, 2015 3:31 pm

El guión literario de un proyecto de cómic en el que estoy inmerso, uno de tantos a ver si llega algún lado.
No sé si será de vuestro agrado pero me apetecía mostrarlo


A Laura le duele vivir.


Laura está atada a una cama, sus padres la creen loca, esta maniatada de pies y manos, y una máscara de oxígeno cubre su cara.
La existencia de Laura se limita a intentar no sentir dolor, su único buen momento del día llega cuando hace fuerza sobre las cuerdas que la someten y la sangre brota, esa sensación la calma, le llena de un placer intenso e indescriptible, con suerte a veces tiene un orgasmo.
Su padre interpreta estos sucesos como un producto del demonio, cuando ella era una niña y esto ocurría solía pegarla palizas, tras descubrir que esto producía mayor placer  a su hija  dejo de hacerlo.

Empecemos la historia por el principio:


Desde que Laura nació su organismo no funcionó como el resto de seres vivos, en un cuerpo normal, una respuesta positiva a un estímulo o la satisfacción de una necesidad habría producido la secreción de sustancias que producen placer, el organismo de Laura funciona a la inversa, todo aquello que es peligroso para su vida le produce placer y todo aquello que es bueno, le produce gran dolor.

A Laura le duele vivir.

Sus padres la obligan a comer a la fuerza a pesar de sus gritos  y  sus lloros, para ella, comer es un suplicio, a veces le duele tanto que pierde el conocimiento.


Para ella, los humanos somos robots que recibimos premios por hacer lo correcto, premios por sobrevivir, somos máquinas esclavas de obedecernos a nosotros mismos.  Nuestros premios son las sensaciones placenteras.

 Por eso, ella, no se cree tan distinta de nosotros, es premiada cuando busca la muerte y cree que tanto en su caso como en el nuestro, hablar de ser  libres  es un absurdo, la libertad  sólo es un término válido  para lo que no existe. Cuando existes  estas condicionado por lo que eres.

Ella  es más práctica que nosotros, si la muerte nos va a llevar, porque no ayudarla.

Laura no es libre.

Ella sabe que la vida es completamente interesada, los humanos somos drogadictos de sensaciones, las relaciones humanas son interesadas, se busca postergar al máximo la inevitable muerte y para lograrlo nos aprovechamos de otras gentes.

La existencia de Laura se limita a intentar no sentir dolor, por eso no denunció ante sus padres a aquel pervertido que se hizo pasar por exorcista y la violó brutalmente, es más, les expresó a sus padres el deseo de que volviera todas las tardes.

Para Laura, la relación más perfecta que había tenido con una persona era la que tenía con aquel chico, ambos obtenían lo que buscaban. El hombre, que se hacía pasar por cura, saciaba su necesidad de violar con violencia a mujeres y ella recibía una buena dosis de golpes, que lograban que  por un corto rato la vida le dejara de doler.

Cualquier relación fracasa cuando cambian las necesidades de alguno de los implicados, y en este caso ocurrió lo mismo.  

El impostor se llamaba Antonio, era alto y guapo, tenía una ceja rota y un intelecto casi gorilaceo.  La relación entre Antonio y Laura se rompió cuando el animal decidió que se había enamorado de ella y no podía seguir violándola, ahora quería hacerle el amor con amor.

Laura le rogó y le suplicó que no lo hiciera, le suplicó que la golpeara. Él supuso que seguiría interpretando un papel como en el caso de la violación, e intentó dar lo mejor de sí mismo. Un rato después, el dolor más penetrante inundó a Laura, volvió a suplicarle que parara, pero él no pudo o no quiso ya que estaba en la parte final de su actuación.

A Laura le duele el amor.

El dolor era insoportable, cuando él acercó  su boca para besarla, ella vio  su oportunidad y le arranco la lengua de un mordisco.

Mientras Antonio se retorcía, ella consiguió zafarse de una de sus ataduras y coger un cuchillo, cuando le  rebanó el cuello, el dolor cesó.

Laura acababa de encontrar un placer mayor que buscar la muerte, su nuevo placer era matar.

Laura no es mala, simplemente su organismo es diferente.

Tras la experiencia del asesinato, una voz resuena ahora  siempre en la cabeza de Laura, le está mostrando que todo lo que existe lo hace sufriendo, Laura no desconfía de las voces que escucha en su cabeza.

Laura se da cuenta de que lo que dice la voz es cierto, la pared esta gimiendo, la cama se lamenta, todo  a su alrededor sufre, ella no soporta el dolor, se compadece profundamente de las criaturas que lo sienten, se compadece de su madre cuando él bestia su padre la agrede, Laura se compadece de las paredes, de la cama, de los libros, de toda la realidad.

Laura por fin tiene un propósito, hará una última cosa antes de provocarse la muerte y recibir un aluvión de placer, Laura quiere destruir el universo.

Laura empieza la destrucción por sus propios padres, están sufriendo, los mata para que sean libres.

La voz vuelve a hablar a Laura tras el asesinato:

Voz: Laura, tus padres ya están muertos, pero siguen existiendo y por tanto sufriendo.

Laura: ¿Qué debo hacer entonces? ¿Debo destruir sus cuerpos?

Voz: No puedes hacer nada. Todo lo que existe lo hará eternamente, como mucho cambiará de estado, sufrirá eternamente.

Laura: ¿Por qué me lo cuentas si no puedo hacer nada?

Voz: Soy la parte de ti que disfruta cuando sufres.

Laura: Mientes, no es cierto, no sufriré eternamente, ya no soporto vivir y voy a dejar de hacerlo.

Voz: No podemos dejar de existir, como mucho cambiaremos de dimensión.

Un cuchillo en pleno estómago  es suficiente para interrumpir cualquier conversación, Laura se retuerce de placer, su sangre emerge llevándola a un estado donde parece que no pasa el tiempo, donde el dolor no existe y todo parece irreal.

Por un segundo Laura siente que ya casi no existe, un segundo después se encuentra en la cama debajo de otro cuerpo y vuelve a envolverla la sensación de placer. El hombre termina, la mira y la pregunta:

¿Laura, me quieres?

Laura ya no se recuerda, ahora es una de nosotros, solo sabe que no soporta ni la soledad, ni el dolor, se lo piensa y responde:

Sí, te quiero. Nuestra relación es perfecta.

Ahora, a Laura le duele morir.

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